Retratos infantiles de Don Carlos y Don Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este, futuros reyes carlistas.
- Museo Carlista de Madrid
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El 25 y 26 de junio de 2026 se ha subastado en la casa de subastas Scheublein Art und Auktionen KG, de Munich, una rica colección de más de mil objetos procedentes de la herencia de los Duques en Baviera (no confundir los Duques en Baviera (Herzog in Bayern), con los Duques de Baviera (Herzog von Bayern)) en una subasta especial y verdaderamente extraordinaria. Muchos de los lotes —una pulsera en miniatura con los tres hijos mayores de Luis I, una olla de chocolate con Luis II de 14 años, un marco con rizos infantiles de Sissi y sus hermanos— son recuerdos muy personales de la dinastía Wittelsbach que reinó en Baviera. Pero lo que a nosotros nos interesa son dos delicadas miniaturas con los retratos infantiles de Don Carlos de Borbón Austria-Este y su hermano Don Alfonso Carlos, futuros reyes carlistas.

La descripción de estos notables objetos proporcionada por la sala de subastas fue la siguiente:
Cierres con miniaturas de Carlos María de los Dolores de Borbón y de Alfonso de Borbón Austria-Este. Circa 1860 | 18 K GG (testado). Al. 4,5 cm. Largo (cinta de terciopelo) 17 cm. Aprox. 18,8 g. Retrato en miniatura sobre marfil de Carlos María de los Dolores de Borbón y de su hermano Alfonso Carlos, hijos de Juan de Borbón y Braganza y de la Archiduquesa María Beatriz de Austria-Este en brazaletes de terciopelo negro. Procedencia: del patrimonio de los duques en Baviera.
El interés de estos retratos infantiles de quienes serían más tarde reyes carlistas radica en la escasez de imágenes que de ambos conocemos de su infancia y adolescencia.
La primera de estas imágenes es una fotografía de 1850 de Doña María Beatriz de Austria-Este con sus hijos Carlos y Alfonso, cuando eran apenas unos bebés de un año y medio y seis meses respectivamente. La fotografía la hizo el estudio de Adele en Viena sobre un daguerrotipo hecho en Londres.[1]

En la residencia del Conde Wurmbrand-Stuppach, descendiente del propio Carlos VII a través de su hija mayor Doña Blanca, se conserva un retrato al óleo de autor desconocido en el que aparecen de nuevo Doña María Beatriz y sus hijos a mediados de la década de los 50 del siglo XIX, cuando ya Doña María Beatriz y su esposo el Infante Don Juan de Borbón y Braganza, hijo del rey carlista Carlos V, se habían separado. [2]

Las otras dos imágenes que conocemos son ya de mediados de los años 60 -1864 y 1865-, cuando los hijos de Doña Beatriz eran ya adolescentes, aunque el incipiente bigote de Don Carlos, que contaría unos dieciséis o diecisiete años, le hiciera parecer mayor.


Y hasta aquí llegaban todas las imágenes infantiles y juveniles que conocíamos hasta ahora de Don Carlos y Don Alfonso Carlos antes de la feliz aparición de las miniaturas subastadas en Munich.
Ahora bien, ¿qué sabemos o qué podemos especular sobre el origen de estas miniaturas o brazaletes pertenecientes a los herederos de la Casa de Wittelsbach?
En opinión de nuestro amigo el historiador Carlos García de Polavieja, experto en la Casa de Austria, estos brazaletes habrían pertenecido a Doña María Beatriz de Austria-Este, madre de Don Carlos y D. Alfonso Carlos, y sido un regalo de ésta a su sobrina Dada, María Teresa de Austria-Este (Brno, 1849 – Chiemgau, 1919), última reina de Baviera.
En efecto, María Teresa de Austria-Este se casó con el príncipe Luis de Baviera (futuro rey Luis III) en 1868 y se convirtió en reina en 1913, cuando su esposo asumió el trono tras declararse incapacitado a su primo Oton I. Fue la primera reina católica de Baviera. El padre de María Teresa (el archiduque Fernando Carlos) y Doña María Beatriz de Austria-Este eran hermanos, hijos ambos del duque Francisco IV de Módena.

María Teresa fue, por cierto, heredera legitimista de los derechos al trono británico jacobita al morir Francisco V sin descendencia. Como curiosidad histórica, cabe también señalar que María Teresa de Austria-Este fue madre, entre otros muchos hijos, de Matilde de Baviera, el supuesto “amor platónico” de Don Jaime de Borbón (el rey carlista Jaime I o Jaime III) con quien nunca obtuvo licencia paterna para casarse como supuestamente hubiera sido su deseo.

Existe constancia histórica de la estrecha relación personal entre María Teresa y su tía Doña María Beatriz, labrada en el exilio compartido y la tutela familiar en Módena y Viena. El padre de María Teresa (el archiduque Fernando Carlos) murió en 1849, cuando ella tenía apenas cinco meses de vida. Ante esta pérdida, su tío carnal Francisco V, Duque de Módena, asumió un papel central en su educación y protección. Francisco V era, a su vez, el hermano mayor de Doña María Beatriz. Cuando la familia tuvo que exiliarse de Italia debido a la unificación italiana en 1859, los Austria-Este (incluyendo a la joven María Teresa, su madre, su tío Francisco V y su tía Doña María Beatriz) se replegaron a sus posesiones en Austria (Viena y Praga). Pasaron largas temporadas viviendo bajo la misma dinámica de una familia real en el exilio estrechamente unida.
La archiduquesa Doña María Beatriz, como una buena parte de su familia, se vio obligada a una vida errante huyendo de la Revolución que asolaba los reinos del llamado Antiguo Régimen. La revolución en Módena la había obligado ya en 1948 a huir a Londres, donde nacería su hijo Alfonso Carlos. En 1850 recaló en Viena, antes de, tras la restauración del Ducado, trasladarse en 1851 con su esposo de nuevo a Módena, donde el matrimonio se separaría al ser la archiduquesa abandonada por su esposo Don Juan, por su tendencia a hacer honor a su nombre. En Módena siguió viviendo Doña María Beatriz con sus hijos hasta 1859, en que fijaría su residencia en Praga, hasta finales de 1863 en que pasaría a residir en Venecia, en el Palacio de Loredán que compró al heredar parte de la notable fortuna de su padre, el duque de Módena Francisco IV. Años después aún se trasladaría a Innsbruck y a Viena y Graz, en donde ingresó en el convento de carmelitas en el que pasaría ya el resto de su vida hasta su fallecimiento en 1906.
Tras separarse María Beatriz de su esposo Juan de Borbón, a los pocos años de casados, la archiduquesa se volcó por completo en la educación rígidamente católica, tradicionalista y legitimista de sus dos hijos, Carlos y Alfonso Carlos. En los círculos familiares de los Austria-Este, María Beatriz ejercía con orgullo de madre de los "reyes legítimos de España".
María Teresa, por su parte, creció en este mismo ambiente profundamente devoto, conservador y legitimista. Adoraba a su familia y compartía la visión del mundo de su tía María Beatriz. La relación de María Teresa de Austria-Este con sus primos hermanos, Carlos y Alfonso Carlos fue siempre de un profundo afecto familiar, sintonía ideológica y un apoyo inquebrantable durante sus respectivos exilios políticos. A pesar de que María Teresa se convertiría más tarde en la reina consorte de Baviera -un Estado de gran peso en el Imperio Alemán-, nunca se distanció de la causa de sus primos españoles. Cuando la Tercera Guerra Carlista terminó en derrota en 1876, y Don Carlos -convertido ya en el rey carlista Carlos VII- y su hermano el Infante Don Alfonso Carlos tuvieron que exiliarse definitivamente de España, Austria y Baviera se convirtieron en sus principales refugios de acogida. Don Alfonso Carlos se estableció formalmente en Graz, a una distancia relativamente corta de los palacios donde residía María Teresa, por lo que pudieron mantener trato en eventos familiares con cierta asiduidad.
María Teresa, que ostentaba los derechos históricos de la dinastía Estuardo (línea jacobita) al trono británico, entendía perfectamente el concepto de "derecho divino" y la resistencia contra el liberalismo que encarnaban sus primos carlistas. Para ella, Carlos y Alfonso Carlos no eran simples “Pretendientes”, sino los verdaderos reyes legítimos de España de acuerdo con los principios de la Legitimidad. Esta cercanía y apoyo se consolidaron aún más a través de su tía Doña Beatriz, quien hasta el fin de sus días promovió que la correspondencia, los recuerdos e incluso las reliquias políticas carlistas circularan activamente entre sus hijos y su sobrina preferida.
Como se ha indicado, la casa de subastas muniquesa cifró la fecha de los medallones con las miniaturas de Carlos y Alfonso en torno a 1860, pero hay un acontecimiento que nos permite especular con una fecha y un motivo más concretos para este particular obsequio de Doña María Beatriz a su sobrina María Teresa: el 16 de junio de 1857, el papa Pío IX impartió personalmente el sacramento de la confirmación al infante Carlos y a su hermano Alfonso Carlos en la capilla del monasterio de San Michele in Bosco, en Bolonia. Para una madre de la extrema devoción católica de Doña María Beatriz, este evento supuso la consagración espiritual de sus hijos como defensores de la fe. Poco después, la víspera de Navidad de 1858, Don Carlos recibió la Primera Comunión. Desconocemos si ese mismo día la recibiría su hermano Alfonso, como podría suponerse, ya que no existen datos históricos al respecto.
La biografía que del Duque de Madrid publicó el Conde de Rodezno proporciona la poca información que conocemos sobre aquellos eventos familiares:
“Por esta época -1857- llegó Pío IX a Bolonia, y allá fueron a rendirle acatamiento los Duques de Módena, la Archiduquesa Beatriz y sus hijos. El Pontífice les agasajó e invitó a comer, haciendo que a D. Carlos le sirvieran un helado en forma de yelmo y espada, en atención a sus aficiones militares, dando a D. Alfonso una medallita como más devoto. Días después, Su Santidad devolvió a los Duques la visita en Módena, y administró a los niños el sacramento de la Confirmación en la Capilla de San Michele in Bosco, imponiéndoles el nombre de Pío. Poco después, la víspera de Navidad de 1858, hizo D. Carlos su primera Comunión, disponiéndose a ella con tres días de Ejercicios Espirituales”.

En el siglo XIX, era sumamente común conmemorar las primeras comuniones o confirmaciones encargando medallones con los retratos de los jóvenes para regalárselos a los miembros más queridos de la familia.
El aspecto en los retratos en miniatura de Don Carlos y Don Alfonso, que tenían por entonces 9 y 8 años respectivamente, parece confirmar la ocasión. Era frecuente en los miembros de la realeza vestir para la ceremonia de Confirmación uniforme o, como es el caso en estos retratos, al menos vestimenta de gala o solemnidad. Con esta última aparecen ataviados los ilustres confirmantes, que lucen chaqueta, chaleco y corbata de lazo, una vestimenta muy esperable en una ceremonia de este tipo a la que tanta importancia se daba en las familias reales católicas y legitimistas.
Como hemos dicho, en 1859, debido al avance revolucionario de la unificación italiana, la familia real al completo se vio obligada a huir de Italia y refugiarse en los territorios austríacos, donde precisamente vivía su sobrina María Teresa. Al encontrarse de golpe desposeídos de su trono y unidos en un exilio compartido, Doña María Beatriz pudo haberle entregado estos medallones de Confirmación o Primera Comunión a su sobrina, como un símbolo de unión familiar y de resistencia dinástica frente a la adversidad. Recordemos que, al quedarse sola Doña María Beatriz a cargo de los niños, sus hijos pasaron a ser su único orgullo. Presentar a Carlos y Alfonso ante su sobrina María Teresa a través de unos medallones era su forma de reafirmar que, pese a la traición del padre, ellos seguían siendo los legítimos herederos al Trono de España.
Todo lo expuesto, que si no podemos confirmarlo con fuentes seguras parece históricamente lo más plausible, subraya el interés de las dos miniaturas vendidas en Munich, cuyo valor histórico va más allá de las imágenes que contienen, convirtiéndolas en verdaderas piezas únicas.
El Museo Carlista de Madrid pujó con fuerza para adquirir estos medallones, consciente de su singularidad. Su puja fue, sin embargo, superada por otro comprador, cuya personalidad desconocemos, por lo que ni siquiera sabemos si estas miniaturas habrán pedido venir a España para integrarse en una colección particular o en algún museo, como nos gustaría que fuera el caso, o acaso hayan quedado definitivamente en manos extranjeras y quizás no volvamos a saber de ellas.
[1] Tomada de Sierra-Sesumaga, Víctor y Ortega Villar, José Ignacio: Álbum fotográfico de Don Carlos VII. De re bibliographica, julio-septiembre 2016, Número 41-42. La fotografía pertenece al Archivo Íñigo Orbe.
[2] Disponemos de la imagen de este cuadro gracias a la gentileza de nuestro amigo Íñigo Pérez de Rada.




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