• Museo Carlista de Madrid

María Rosa Urraca Pastor en el Museo Carlista de Madrid


María Rosa Urraca Pastor, ejemplo de margarita carlista

María Rosa Urraca Pastor fue el nombre más importante del Carlismo femenino -las margaritas- durante la Segunda República y la Cruzada.

Nació en Madrid el 1 de enero de 1900 en el seno de una familia militar. A los pocos años se trasladó a Burgos y más tarde a Bilbao, donde realizó sus estudios de Magisterio y ejerció como maestra.

Colaboradora como articulista en distintos periódicos locales desde muy joven y propagandista católica por vocación y convicción, llegó al Tradicionalismo procedente de los grupos de Acción Católica de la Mujer, de la que fue una de las líderes provinciales, llegando a dirigir el Boletín de la ACM de Vizcaya. Allí coincidió con numerosas mujeres esposas o hijas de familias carlistas.

Durante la Dictadura de Primo de Rivera desempeñó importantes tareas en el Patronato de Previsión Social de Vizcaya y otras entidades sociales y benéficas relacionadas con el mundo del trabajo.

La proclamación de la República, y la evolución sectaria de ésta tras la quema de conventos y los artículos anticlericales de la Constitución, motivaron su salto al Carlismo activo. Ingresó en las Margaritas y pasó a liderar la Agrupación de Tradicionalistas Vascas, comenzando una carrera que la haría famosa durante el primer bienio republicano en toda España.

Dotada de una arrebatadora oratoria y elocuencia -de hecho, lo convertiría en su forma de ganarse la vida durante las décadas posteriores a la Guerra Civil-, participó en muchos de los mítines más importantes organizados por la Comunión Tradicionalista, acompañando a figuras como Oriol, Beunza, Oreja Elósegui, Pradera, Chicharro, Fal Conde etc.


Visitó círculos y recorrió España hablando a los militantes e interviniendo en numerosas tribunas denunciando la derrota tomada por la República, lo que le valió multas, detenciones y amenazas. Su firma se hizo habitual, escribiendo artículos en los más importantes periódicos tradicionalistas del momento.

En julio de 1932 toda esta actividad fue reconocida en el banquete-homenaje que la tributó el Centro Femenino Tradicionalista de Madrid. María Rosa Urraca se había convertido en la mujer más popular del Carlismo desde la reina Margarita.

Su actividad e influencia en el seno del Carlismo se incrementó a raíz de la renovación representada por la jefatura de Manuel Fal Conde, que sustituyó al anquilosado conde de Rodezno. Junto a otras iniciativas, María Rosa participó en la labor del Socorro Blanco, para auxiliar a los carlistas y sus familias que sufrían persecución y atropellos por sus ideas, hasta que Fal Conde le encomendó su organización al no obtener escaño su candidatura a Cortes en febrero de 1936.

Durante la contienda, se unió en Burgos a la columna García Escámez, con la que permaneció en el frente de Somosierra, haciendo labores de enfermera en el grupo de Sanidad Militar dirigido por el comandante Constancio Antonio Urcelay.


María Rosa en Somosierra con la columna García Escámez

Visitó los frentes de Vizcaya, animando a los combatientes y proveyéndolos de recursos de subsistencia como camillas, uniformes, productos de higiene, tabaco…. Al mismo tiempo, desempeñó el cargo de jefa nacional de las margaritas de la Comunión Tradicionalista, y continuó publicando abundantes artículos en la prensa afín al movimiento salvador.

Al decretarse la Unificación, en abril de 1937, fue nombrada delegada nacional de Asistencia a Frentes y Hospitales, una organización recién creada y que ella se encargó de dotar de contenido, organización y recursos para la asistencia a los hospitales de sangre y auxilio de los soldados que luchaban en los frentes. También fue designada consejera nacional de FET de las JONS, sin que en ello interviniera.


Banderín de Frentes y Hospitales que perteneció a María Rosa Urraca Pastor

Tras su destitución por Franco -víctima de la rivalidad de sectores falangistas que la acusaban de favorecer al Tradicionalismo- , y una vez concluida la guerra, se refugio en la vida privada, trasladándose a vivir a Barcelona, donde ejerció como profesora de oratoria, montó una editorial y participó en variadas actividades de carácter cultural.

En los últimos años del régimen y durante la transición, viendo el cariz que tomaban los acontecimientos, reanudó su presencia de carácter político, a través de artículos y conferencias en las que denunció el progresismo religioso que se infiltraba en la Iglesia en aquellos años del posconcilio, así como la pretensión de volver a un régimen liberal y laicista.

María Rosa Urraca falleció en Barcelona el 19 de marzo de 1984, sin que su desaparición recibiera las glosas y reconocimientos que su extraordinaria figura habría merecido. Se trató, sin duda, de una margarita ejemplar, comprometida en cuerpo y alma con los ideales que dieron sentido a su vida, defensora acérrima de una verdadera femineidad, y adelantada a su tiempo en muchos sentidos. Su nombre, como el de las Baleztena, Simón, Jaurrieta, Careaga y tantas otras mujeres admirables de la Causa, merece figurar con letras indelebles en la gran historia carlista, y en el de las grandes heroínas españolas de todos los tiempos.


Al fallecer soltera y sin descendencia, su archivo y pertenencias carlistas pasaron a manos de Carlos Cort, a la sazón jefe regional de Cataluña de la Comunión Tradicionalista, que la acompañó y cuidó en sus últimos días en los que sobrellevó una dolorosa afección intestinal.

Merced a la extraordinaria generosidad de su hija Guadalupe Cort, los citados archivo y pertenencias forman parte ahora de los fondos del Museo Carlista de Madrid, donde se recuerda la figura y rinde el merecido homenaje a esa extraordinaria mujer, española y carlista que fue María Rosa Urraca Pastor.


Uniforme de margarita que perteneció a María Rosa

En la Sala de la "IV Guerra Carlista" podemos encontrarnos con su representación, luciendo el uniforme de margarita que vistió en el frente de Somosierra, o podemos admirar la boina que le dedicaron los boinistas tradicionalistas de Tortosa, o la fotografía dedicada a sus padres cuando estuvo detenida por la República: Dios no nos juzgará por el tamaño de nuestros éxitos, sino por el número de nuestros sacrificios por la Santa Causa.


Fotografía dedicada a sus padres durante su privación de libertad

María Rosa Urraca Pastor es un nombre a no olvidar. Y el Museo Carlista de Madrid se enorgullece de contribuir a que así sea.


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