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Germán de Argumosa, de requeté a pionero de la Parapsicología española.

  • Museo Carlista de Madrid
  • hace 4 horas
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Germán de Argumosa, requeté y militante de la Comunión Tradicionalista primero y después en sus años de madurez como destacado filósofo y conferenciante.
Germán de Argumosa, requeté y militante de la Comunión Tradicionalista primero y después en sus años de madurez como destacado filósofo y conferenciante.

Un mensaje de texto a la dirección del Museo Carlista de Madrid, a comienzos de febrero de 2026, me depararía un imprevisto descubrimiento. La remitente del correo era Pilar Ramiro de Pano, de la que yo no sabía nada cuando recibí su correo y a la que conocer ha resultado ser un verdadero regalo.

 

Pilar Ramiro es doctora en Filosofía, con una tesis sobre la idea de Dios en Ortega y Gasset, fue profesora universitaria y editora de la monumental obra “Más allá de los fenómenos paranormales”, que recopila textos de Germán de Argumosa, el pionero de la Parapsicología española. En el libro se incluye una extensa biografía del autor escrita por la profesora Ramiro de Pano, que fue su más estrecha discípula y “la hija que hubiera querido tener”, en expresión del propio Argumosa, y a la que dejó por ello su archivo personal, biblioteca y pertenencias a su fallecimiento.


Parte de este legado, consistente en un uniforma de requeté, un casco italiano modelo M22 con las aspas de San Andrés pintadas en el frente, un par de banderines también con la Cruz de Borgoña, correajes militares y tres fotografías de Germán de Argumosa durante la Guerra Civil, ha querido Pilar Ramiro donarlo al museo, pensando que sería la mejor opción para asegurar su pervivencia el día que ella pueda faltar.


Uniforme de requeté de Germán de Argumosa, expuesto en el Museo Carlista de Madrid.
Uniforme de requeté de Germán de Argumosa, expuesto en el Museo Carlista de Madrid.

Al agradecimiento por estas piezas recuerdo de uno de aquellos admirables jóvenes voluntarios del Requeté, que pasan a enriquecer los fondos del museo, se une la fortuna de haber podido entablar amistad con Pilar Ramiro de Pano, que a través de su excepcional biografía de Germán de Argumosa nos ha permitido descubrir una figura que tantos desconocíamos y que formó, en su juventud y en años decisivos, parte de la pequeña pero heroica  historia del Carlismo.



Pertenencias carlistas de Germán de Argumosa donadas al Museo Carlista de Madrid.


De la biografía escrita por Pilar Ramiro, incluida en ese volumen al que nos hemos referido, tomamos los datos y entresacados que nos permiten trazar una semblanza de Germán de Argumosa. Las fuentes y procedencia de las citas literales pueden encontrarse en el citado libro[1].

  

Germán de Argumosa y Valdés fue un conferenciante, articulista, escritor e investigador, considerado como el introductor de la Parapsicología en España. Los casos de las famosas caras de Bélmez (Jaén) y las cacofonías de la actual Casa de América le dotaron de una gran popularidad en los años 70 del pasado siglo.   


Nació en Torrelavega (Cantabria) el 20 de octubre de 1921, dentro de una estirpe familiar de rancio abolengo desde la Edad Media, entre cuyos antepasados se encontraron ilustres médicos, juristas y militares. Sus padres fueron Miguel Ángel de Argumosa y Argumosa, nacido también en Torrelavega, y Juana Valdés Pariente, natural de Alcalá de Henares.

Germán fue el penúltimo de los seis hijos del matrimonio, tres mujeres y tres varones. El hermano mayor, José Ángel, estudió las carreras de Farmacia, Derecho y Medicina y sería un reputado especialista en temas sanitarios y botánicos sudamericanos (falleció en Venezuela). El menor de los hermanos, Miguel Ángel, fue un destacado poeta e historiador y crítico de la poesía. La pequeña de las chicas sería monja en las Salesas de San Sebastián. Cuando Germán murió en 2007, todos sus hermanos y hermanas habían ya fallecido antes.


Don Miguel Ángel de Argumosa, padre de Germán, era propietario de una farmacia en Torrelavega. Al inicio de la Guerra Civil de 1936 ostentaba el cargo de subdelegado de Sanidad. De su padre heredó Germán la bonhomía y la generosidad: “jamás ha obrado -dejó escrito sobre él-, con voluntad de hacer daño”.  Su madre, Doña Juana, tenía una hermana religiosa en la Orden de las Salesas Reales, y ejerció mucha influencia en la educación religiosa de Germán, al que pidió prometer que nunca se quitaría la vida y que nunca abandonaría la fe católica. De adolescente, había regalado a su hijo Germán “El Criterio”, del presbítero Jaime Balmes, dejando entrever de esta forma sus ideas cristianas y tradicionales e influyendo en la vocación filosófica de su hijo, que sintió siempre verdadera veneración por su madre.


La familia De Argumosa se trasladó a Madrid cuando Germán contaba seis años, y el niño fue matriculado en el colegio del Pilar de los Hermanos Marianistas, en la calle Castelló. Interrumpidos por la guerra, terminaría sus estudios de Secundaria con la promoción pilarista que lo hizo en 1940.


El 18 de julio de 1936 sorprendió a Germán con 14 años veraneando con su familia en la casa que sus padres tenían en Suances (Cantabria).  El aviso por parte del cabo del puesto de la Guardia Civil de que miembros de la FAI se proponían detenerles, hizo que el padre tomara la decisión de trasladarse con su familia a Burgos. Al abandonar sus posesiones, la farmacia y la casa de Torrelavega fueron expoliados. “A mi padre -dejaría anotado nuestro protagonista- la guerra prácticamente le arruinó”.


Germán había vivido en Madrid la deriva que iba adoptando la República desde la Revolución de Octubre de 1934. “A los que vivimos aquello, no nos pueden engañar”, escribiría años después. Y también sentía en su corazón juvenil el deber que le imponía el ejemplo de sus antepasados, como también dejó anotado: “José Valdés. 31 años. Murió en la Guerra de Marruecos por rescatar el cadáver del capitán Martí. Era comandante. Estaba en posesión de la Laureada y de tres “cristinas”. Todos los ascensos, por méritos de guerra. Fue ascendido después de muerto a teniente coronel y propuesto para una segunda laureada. El mariscal Juan Francisco Valdés. Y en la Armada, el capitán de Navio Teodoro de Argumosa, uno de los héroes de Trafalgar, mandaba el “Monarca”.


La conclusión no podía ser otra: “Y siguiendo esa vocación y ese espíritu castrense, en agosto de 1936 me escapé de casa, con 14 años, para ir al frente”.

Dicho y hecho, el aún adolescente Germán se presentó en el Seminario de Burgos para alistarse como voluntario en el Requeté, engañando sobre su edad -aprovechando que parecía más mayor- pues había oído decir que los menores de 18 años no eran enviados al frente.


Germán de Argumosa, requeté voluntario a los 14 años.


Argumosa fue enviado a Medina de Pomar, según queda constancia por un documento firmado el 14 de septiembre de 1936 por el Comisario de Guerra José María Valiente Soriano[2] y remitido por la Comisaría de Guerra de la Comunión Tradicionalista de Burgos. Allí quedaría posteriormente incorporado al Tercio de Santa Gadea, que se formó con requetés procedentes fundamentalmente del norte burgalés y algunos provenientes de Álava.


Certificado firmado por José María Valiente.
Certificado firmado por José María Valiente.

Bandera del Tercio de Santa Gadea. Museo Carlista de Madrid.
Bandera del Tercio de Santa Gadea. Museo Carlista de Madrid.

  

El libro de Julio Aróstegui “Combatientes requetés en la Guera Civil española (1936-1939)”[3] resume la historia del Tercio de Santa Gadea, que procede de su diario de operaciones (que comienza sólo en 1937) y, sobre todo, de los documentos que se conservan en el Archivo de la Milicia Nacional, entre los que figura un “Historial del Requeté de Quincoces de Yuso” y libros de altas y bajas de todas las compañías, listas de componentes, movimiento general de efectivos y noticias sobre bajas.


El Tercio de Santa Gadea no se constituyó como batallón orgánico hasta enero de 1937, pero sus fuerzas componentes estaban ya en campaña desde la última decena de julio de 1936. El tercio se mantuvo en posiciones del norte de Burgos, sobre el valle de Mena, hasta julio de 1937 en que empezaría su ofensiva en el valle de Mena y a continuación en Santander, para pasar posteriormente a Asturias. Al finalizar la guerra en el frente del Norte y tras breve estancia en tierras navarras, el tercio participaría en la campaña de Aragón, que se prolongará sin solución de continuidad en una larga estancia en tierras leridanas desde abril de 1938 hasta febrero de 1939. Esta última fase, en Huesca y Lérida, fue la de mayor actividad bélica del tercio. Posteriormente la unidad volvería al frente del Centro, hasta su disolución después de concluida la guerra.


En anotaciones dispersas dejadas por Argumosa y recogidas por Pilar Ramiro de Pando en su biografía, se hace mención, respecto a su participación en la guerra, a “IV Brigada, Tercio de Santa Gadea.”, “I División, donde conocí al general Tella.”, “Orduña Pico Fraile. Virgen de la Antigua.” “Valle de Bricia, frente a Carrales.” y “Los requetés no mataron a nadie”.


Estas notas confirman la participación de Argumosa en las operaciones del Tercio de Santa Gadea durante 1937 en la línea del frente limítrofe entre el norte burgalés y el sur de Vizcaya y el oeste alavés, y posteriormente el desplazamiento del tercio a Cantabria. La mención a que “los requetés no matan a nadie, se refiere a la instrucción que dio Fal Conde al Requeté de que no participase en ejecuciones que no hubieran sido precedidas de un consejo de guerra y mandato expreso de la autoridad militar.


Otras notas de Argumosa se refieren a la herida de guerra que recibió en combate y sus circunstancias: “A mí me hirieron en Cavalls, por culpa de los italianos. Las carreteras estaban ya construidas. Los italianos habían dejado de ser romanos. Los Flechas Azules.”, “Cuando fui herido. Las torneras. La superiora mejicana. Les restauré un cuadro. Cuando murió la monja que me atendía, vi un murciélago en el balcón”. “Mochila por almohada, capote por manta y troncos con paja encima, porque el suelo era tierra”.


La reconstrucción de la participación del joven Argumosa se complica con estas últimas anotaciones sobre su herida en la Sierra de Cavalls, uno de los escenarios principales de la decisiva batalla del Ebro. La conclusión tendría que ser que Argumosa abandonaría el Tercio de Santa Gadea y se incorporaría a alguna otra unidad del Ejército Nacional de las muchas que participaron en la batalla librada en la Sierra de Cavalls, en la que no intervino el Tercio de Santa Gadea, que permaneció en tierras de Lérida y Huesca antes de regresar al Centro, como se relata en la obra de Aróstegui.


El día 30 de octubre de 1938 empezó la contraofensiva final del Ejército Nacional en el Ebro: el punto de ataque estaba en el paso de la Sierra de Cavalls. Durante tres horas, después del amanecer, las posiciones republicanas fueron sometidas a intenso bombardeo aéreo y terrestre. La respuesta vino de un centenar de cazas republicanos, produciéndose la mayor batalla aérea de todas las habidas en el Ebro. A continuación se lanzó al ataque el Cuerpo de Ejército del Maestrazgo, a las órdenes de García Valiño . Los marroquíes de Juan Yagüe junto a los navarros de la 1ª División de Navarra, conquistaron las posiciones republicanas abandonadas durante el bombardeo. La batalla en las cumbres de Cavalls se prolongó durante todo el día, pero, por la noche, aquellas montañas habían caído en manos de los nacionales.


Tras la baja sufrida por las heridas recibidas en el combate -que le dejaron como secuelas una pequeña cicatriz en una mano y un rastro de metralla en la  mejilla-, Argumosa se incorporó el 28 de diciembre de 1938 como agente móvil al Servicio de Información de la delegación nacional de Asistencia a Frentes y Hospitales, una de las organizaciones que formaron parte de la Sección Femenina del partido único FET de las JONS surgido a raíz del Decreto de Unificación de abril de 1937 por el que falangistas y carlistas quedaban fusionados[4]. Dentro del nuevo partido único, Frentes y Hospitales se había convertido en un refugio de carlistas poco afectos a la Unificación.

      

El Servicio de Información de Frentes y Hospitales era una de las secciones a las que se prestaba mayor atención. Los combatientes acudían a los frentes y sus familiares muchas veces quedaban sin información sobre su situación si habían fallecido, resultado heridos o se encontraban en algún hospital. Para remediar la ansiedad que ello generaba en las familias, Frentes y Hospitales creó una Sección o Servicio de Información, estableciendo una red de encargados de prestarlo en los distintos hospitales y frentes. Este Servicio debía estar formado por requetés o falangistas de segunda línea, personal útil para servicios auxiliares, o señoritas enfermeras. 


Banderín de Frentes y Hospitales. Museo Carlista de Madrid.
Banderín de Frentes y Hospitales. Museo Carlista de Madrid.

Para solicitar la información y remitírsela después a los interesados, se crearon unas tarjetas postales con el emblema de Frentes y Hospitales para, una vez cumplimentadas por el Servicio de Información, ser devueltas al remitente con la información sobre estado y destino de la persona en cuestión. Además de la información solicitada y remitida mediante franqueo postal, existía también información telegráfica y un servicio de información telefónica.


Tarjeta con franquicia postal del Servicio de Información de Frentes y Hospitales
Tarjeta con franquicia postal del Servicio de Información de Frentes y Hospitales

El destino de Argumosa al Servicio de Información de la delegación vizcaína de Frentes y Hospitales da a entender claramente que, tras las heridas recibidas, debió de ser retirado de la línea del frente para su convalecencia. Ya no volvería a ella antes de que acabara la guerra algunos meses después.  

 

Por el pasaporte militar expedido por el general jefe de la 6ª Región Militar, Gobierno Militar de Vizcaya, con permiso para trasladarse a Santander y Zaragoza como Agente Móvil de la Delegación Nacional de Frentes y Hospitales, expedido el 31 de diciembre de 1938, sabemos que Argumosa, que contaba entonces 17 años, tenía la graduación de sargento de requetés.


Pasaporte militar concedido al sargento de requetés Germán de Argumosa.
Pasaporte militar concedido al sargento de requetés Germán de Argumosa.

Terminada la guerra, la familia fijó su residencia en Torrelavega, donde por una enfermedad vesicular contraída en el frente, Germán tuvo que guardar cama durante ocho meses, que dedicó a la lectura de obras filosóficas, impulsado por la lectura de la Filosofía Fundamental de Balmes que le había acompañado durante la guerra. Su salud se resentiría ya desde entonces de una cierta astenia de tipo constitucional.


En junio de 1940, su padre, que había pasado a regentar una farmacia en Algorta (Vizcaya), compatibilizada con ocupaciones oficiales relacionadas con la Sanidad en Madrid, sufrió un accidente en un tren y falleció. Este suceso marcó profundamente la psicología de Germán de Argumosa, que coincidiendo con el fallecimiento de su padre tuvo una experiencia telepática que le llevaría a interesarse, ya durante el resto de su vida, por la existencia de un espíritu o una conciencia no reducible a la pura fisiología cerebral y por los fenómenos que hoy conocemos como Experiencias Cercanas a la Muerte y por los que entonces prácticamente nadie se interesaba.

Terminados también ese año de 1940 sus estudios de Educación Secundaria en el colegio del Pilar de Madrid, Argumosa residiría en Torrelavega hasta 1945.


Argumosa se mantenía fiel a sus ideales monárquicos y tradicionalistas, ansiando que la jefatura de Franco diera paso a la restauración de la monarquía. Miembro de la Comunión Tradicionalista que sobrevivía al margen del Movimiento, fue nombrado jefe del Requeté de la zona oeste de Santander. 


La Comunión Tradicionalista trató de mantener su actividad al margen de FET de las JONS, denunciando la deriva fascistizante que adoptaba el Régimen, lo que fue causa de innumerables detenciones, procesamientos, clausura de círculos, censura de boletines, multas y prohibiciones de todo tipo al desarrollo de sus actividades.


En 1944, siguiendo instrucciones de la Jefatura Nacional, Germán de Argumosa participó con otros jóvenes a su mando en una serie de pintadas, colocación de banderas tradicionalistas en edificios públicos y acciones a favor de la monarquía, lo que fue causa de su detención y breve paso por la cárcel. En otras ciudades, donde se supone que deberían haberse llevado a cabo actos similares, la orden había caído en saco roto.



Germán de Argumosa, segundo por la derecha de pie, con otros requetés pertenecientes a la Comunión Tradicionalista.
Germán de Argumosa, segundo por la derecha de pie, con otros requetés pertenecientes a la Comunión Tradicionalista.

En su reorganización interna después de la guerra, el carlismo creó de nuevo algunos tercios de Requetés, para mantener el encuadramiento jerárquico y disciplina de sus militantes. Argumosa fue nombrado capitán de requetés[5] y jefe del Tercio de José María de Pereda creado en Santander con el nombre del ilustre escritor tradicionalista montañés.


En enero de 1945, Argumosa sufrió nuevamente en sus carnes las consecuencias de la represión ejercida sobre un carlismo que resultaba incómodo a los aires totalitarios imperantes en el Nuevo Estado, siendo detenido en su domicilio y sometido a un registro en busca de armas, que estuvo a punto de costarle una condena a muerte. Las actuaciones represivas nunca llegaban, sin embargo, tan lejos, pues habiendo sido el carlismo una fuerza combatiente que tanta sangre había derramado en los frentes, siempre mediaba alguien por la suerte del procesado, como en el caso de Argumosa fueron los generales Yagüe y Tella -al que había conocido en la guerra y que con el tiempo sería entrañable amigo- que hicieron que el caso fuera sobreseído.


Argumosa viajó a Burgos para dar las gracias personalmente al general Yagüe, quien, informado por el general Tella de la participación del joven en la guerra, se limitó a contestar al jóven: “Yo no firmo la ejecución de quien se fue al frente con 14 años”.

Según relato del propio Argumosa, el Gobernador Civil de Santander le ofreció entonces dos opciones: “aceptar la secretaría del Gobierno Civil, con la promesa de traernos pasados dos años y hacerme guardia civil de 3ª, o tenerme que marchar de Santander por tiempo indefinido, a más de 300 Km”.


 Argumosa y su familia escogieron la segunda posibilidad, razón por la que en 1945 regresaron a Madrid.

En la capital de España -donde hasta cumplidos los 36 años, viviría con su madre, su hermana soltera y su hermano menor-, Argumosa continúo con sus compromisos políticos dentro de la Comunión Tradicionalista.


En Madrid, la Junta de la A.E.T (Agrupación de Estudiantes Tradicionalistas), que constituía un Secretariado Central dentro de la Comunión Tradicionalista, nombró al capitán de requetés Argumosa Jefe del Distrito Universitario de Madrid, según documento que se conservaba entre sus papeles.


Nombramiento de Germán de Argumosa como jefe del Distrito Universitario de Madrid de la A.E.T.
Nombramiento de Germán de Argumosa como jefe del Distrito Universitario de Madrid de la A.E.T.

La Ley de la Jefatura del Estado de 23 de septiembre de 1939 ordenaba la integración de la A:ET en el Sindicato Español Universitario (SEU) del Movimiento, pero la AET no acató la orden y fue reorganizada clandestinamente en 1939. Entonces se manifestó abiertamente contraria al modelo de universidad impuesto, y al SEU en concreto, lo que la deparó frecuentes choques e incidentes con las autoridades académicas y políticas. También la posición de Argumosa a favor de los Aliados en la Guerra Mundial y una conferencia pronunciada sobre Rosenberg le llevarían a estancias de 15 días en la cárcel.  


Argumosa se había matriculado entonces en Filosofía y Letras, si bien no parece que llegara a alcanzar la titulación universitaria oficial, aunque en muchas de sus presentaciones como conferenciante, ya pasados los años, omitiera esta circunstancia.


Gracias al marido de su hermana mayor, y por la necesidad de ayudar a la economía familiar, pudo entrar en el Cuerpo de Inspectores de las Cajas Autónomas con la categoría de inspector de 1ª, permaneciendo en puestos dependientes de los Ministerios de Agricultura y de Industria y Comercio hasta 1960.


Decepcionado con el carlismo por descubrir en algunos dirigentes lo que consideraba ambiciones personales, e influenciado por su relación con Joaquí Satrústegui y, sobre todo, con el general Tella, con quien empezó a desarrollar una estrecha amistad a pesar de la diferencia de edad, Argumosa, reconoció en Don Juan de Borbón y Battemberg la persona adecuada para encarnar la monarquía integradora que siempre había estado en el centro de sus ideas políticas. Había dejado de considerar viable la monarquía defendida por el carlismo, confiaba en el hermanamiento de quienes suponía patriotas a pesar y por encima de sus diferencias, y creía necesario participar en el concierto internacional.


Convertido en firme partidario de Don Juan -a quien se aproximaba también por entonces un importante grupo de tradicionalistas que acabarían reconociéndole en 1957-, Argumosa realizó distintas visitas a Estoril que le permitieron entrar a formar parte de los círculos monárquicos de oposición a Franco y partidarios de la restauración monárquica en la persona de Don Juan.

Frupo de estas actividades, tuvo que visitar la Dirección General de Seguridad unas cuantas ocasiones, siendo retenido durante algunas horas cada vez que había un acto monárquico, siendo siempre muy bien tratado, como el mismo no tendrá inconveniente en confesar.


Su desacuerdo con Franco, como él mismo expresó al general Hierro, se basaba en la forma en que el Caudillo había administrado la victoria en la guerra, cimentando tan en falso la organización nacional, sin instituciones de futuro, que haría que llegara el día en que los vencidos volvieran a traspasar la frontera, esta vez como vencedores.


En 1956, Argumosa se vincula como vicepresidente a la efímera Asociación Unidad Funcional de Europa, de la que Enrique Tierno Galván era presidente, que mantenía contactos con el Consejo de Europa para trabajar por la apertura democrática del Régimen. Esta circunstancia le valió ser procesado en 1957 dentro del llamado “Proceso de los intelectuales españoles”, por un supuesto “complot contra la seguridad del Estado para derrocar el Régimen y sustituirlo por otro”, y por sus trabajos en pro de la integración europea de España. Argumosa fue detenido y permaneció encarcelado en Carabanchel cuatro meses, de mayo a septiembre. En la prisión coincidió con opositores como Dionisio Ridruejo, Tierno Galván -que estuvo muy poco tiempo-, Raúl Morodo, Francisco Herrera Oria y Fermín Solana.  El propio Argumosa escribiría después que él no compartía ideología con ninguno de los demás procesados y que el presentarles ante la opinión pública como grupo fue por mera conveniencia para el Régimen, pues cada uno lo había sido por razones individuales.


Argumosa fue un extraordinario pintor aficionado, como muestra este cuadro al óleo de la celda en la que permaneció cuatro meses encerrado en la prisión de Carabanchel, pintado por él.
Argumosa fue un extraordinario pintor aficionado, como muestra este cuadro al óleo de la celda en la que permaneció cuatro meses encerrado en la prisión de Carabanchel, pintado por él.

El proceso acabó en marzo de 1961 con sentencia absolutoria para todos los afectados, salvo para Antonio Menchaca, al que se le había acusado adicionalmente de propaganda ilegal.


Para entonces el juanismo de Argumosa se había ido apagando. Tras presentar a Don Juan en una de sus visitas a Estoril un completo plan de actividades universitarias a favor de la monarquía, la respuesta que obtuvo del Infante fue: “Muy bien, pero si fracasa yo no habré sabido nada”. Esta falta de reciprocidad con quien estaban dispuestos a jugarse tanto por él, le pareció decepcionante, y movió a Argumosa a convertirse en “monárquico sin rey”.

 

Tras su salida de la cárcel, Argumosa empezó a destacar como conferenciante sobre los más diversos temas de filosofía, teología, literatura, psicología etc, en los que mostraba su sagaz inteligencia y una proverbial erudición, fruto de sus muchas lecturas e inquietudes. Su estrecha relación de amistad con Enrique Tierno Galván -metafísico y monárquico uno, positivista y marxista el otro- le llevó a escribir numerosas colaboraciones en el Boletín de Derecho Político de la Universidad de Salamanca, del que Tierno era director como catedrático de dicha disciplina. Otros muchos artículos suyos vieron la luz en revistas culturales como Piedralaves, Yedra etc.


El interés por la teología y la exégesis bíblica fue ganado terreno en sus preocupaciones intelectuales, y especialmente con el Concilio Vaticano II que siguió muy de cerca, expresando su opinión de que el aggiornamento conciliar representaba una fractura respecto al edificio monolítico de la Iglesia de Trento y el Vaticano I. Su fe se sintió atrapada entre investigaciones exegéticas que cuestionaban las bases de la Iglesia tradicional y las convertía, en su opinión, en ya inaceptables, y la acogida en el Concilio de estas corrientes que traían consigo el resquebrajamiento del admirable, sólido y coherente edificio de la Iglesia de siempre, y que le resultaban por ello igualmente rechazables.


Un pensamiento resumía bien el nudo gordiano moral en el que la fe de Argumosa se encontraba sumida: “La doctrina de la Iglesia tradicional es un edificio del que no se puede quitar una piedra sin que el resto se desmorone. Por eso, cuando se ha empezado a remover desde dentro, no solo desde fuera, ha empezado a cuestionarse. Éste es el trágico dilema: el edificio, integro, se tambalea, pero tampoco puede sostenerse en pie modificado”.


Muchas de estas ideas quedarían plasmadas en 1963 en su opúsculo “En torno al Concilio”, en el que se tratan cuestiones como la libertad religiosa, la acción social del cristianismo, la moral matrimonial etc.

Fruto de esta profunda tensión interna que Argumosa vivía con la intensidad de quien siente temblar el suelo bajo sus pies, sería su angustiada afirmación “yo no quiero dejar de ser católico, pero el catolicismo me está dejando”.


En el ámbito político, las relaciones establecidas en Carabanchel con algunos intelectuales antifranquistas, y particularmente su amistad con Tierno Galván, le llevaron a formar parte de los círculos que pedían la democratización del Régimen, la aprobación de los partidos políticos y la homologación con las democracias europeas, como muestra la aparición de su firma entre la de otros muchos opositores en la Carta al Presidente del Gobierno publicada, a modo de manifiesto, en la revista Cuadernos para el Diálogo en enero de 1970.


En los años 70 y hasta mediados de los 90 el interés de Argumosa fue derivando hacia la Psicología y más específicamente hacia el estudio de los fenómenos paranormales, lo que le daría fama nacional y multiplicaría su presencia en los medios de comunicación.

La afición de Argumosa por estos temas no había dejado de crecer desde aquella semilla plantada por la lectura del “Tratado de Metapsíquica”, escrito por el Premio Nobel de Fisiología francés Charles R. Richet. Con una profunda formación en Teología y Filosofía y una inteligencia nada común, su interés por la Parapsicología, sin embargo, fue sólo en la medida en que le permitía discurrir por los caminos de la Metafísica, su verdadera pasión.

Su protagonismo en los casos de las famosas caras de Bélmez y las psicofonías del Palacio de Linares hicieron que su nombre se hiciera popular referido a todo aquello que se consideraran fenómenos paranormales. Argumosa se convirtió así en el pionero indiscutido de la Parapsicología en España, al que seguirían después figuras como J.J Benitez, el Dr. Jiménez del Oso o Iker Jiménez, este último ya en nuestros días.


En el terreno político, Argumosa fue apartándose de las corrientes a las que se había acercado en los años anteriores y volviendo a sus ideales de siempre de religión, patria y monarquía, aunque fuera dentro de las contradicciones, dudas y tensiones que se agitaban en su interior. Consecuencia de ello, y ante la perspectiva del regreso del comunismo y los nacionalismos contra los que había combatido en su juventud, llegó a votar en contra de la Constitución de 1978 y se opuso a la transición que consideró haría volver a los fantasmas de nuestro pasado, estando en desacuerdo con las decisiones tomadas por el rey Juan Carlos, del que no quiso saber nada a pesar de su monarquismo.


Argumosa siempre había señalado que en su juventud había luchado “con Franco, y no por Franco”, pero a medida que se adentraba en la última etapa de su vida también su visión de la figura del Caudillo fue tornándose más comprensiva: “Con Franco hubiésemos seguido sin ciertas libertades, pero jamás se hubiese atentado contra la unidad de España. Prefiero para mi Patria un Estado comunista a una democracia que destruya su unidad. El comunismo se puede vencer, es un accidente en la historia de un país, pero una nación destruida es casi imposible de reconstruir sin empleo de la fuerza”.


A finales de los años 90 Argumosa, consciente de encontrarse en el tramo final de su paso por este mundo, se apartó del ámbito público -en enero de 1998 impartió su última conferencia-y se refugió en su interioridad y en una voluntaria soledad reflexiva, aunque permaneciendo siempre atento a la evolución política nacional y a las cuestiones filosóficas y teológicas, que le absorbían en mayor grado que la Parapsicología.


Germán de Argumosa en el tramo final de su vida.
Germán de Argumosa en el tramo final de su vida.

El 3 de noviembre de 2007 Germán de Argumosa fallecería, tras unos breves días de hospitalización, víctima del agravamiento de su insuficiencia respiratoria.


Nunca publicó sus memorias, que hubiera querido titular “Vida sin huella” o “Pasos en la arena”. Pero tuvo la suerte de contar con Pilar Ramiro de Pando, su discípula y testigo de sus reflexiones intelectuales durante los últimos años de su vida, cuya biografía se despliega como un completo paisaje de su espíritu inquieto, conmoviéndonos por su hondura, compenetración y rica gama de matices.


El feliz encuentro con Pilar Ramiro de Pano y su generosa donación del uniforme y otras piezas carlistas que pertenecieron a Germán de Argumosa nos ha dado ocasión de recordar la figura de un gran intelectual y un verdadero filósofo, en el sentido más literal de la palabra. Su vinculación de juventud con el Tradicionalismo le proporcionaría esa actitud siempre formal y respetuosa que le acompañarían toda su vida, y un sentido último de la existencia aprendido de su madre y manifestado en su idealismo juvenil, con el que en buena parte se reencontró al final de su largo itinerario personal.


Porque Germán de Argumosa no fue un “cazafantasmas”, sino un verdadero metafísico y un aristócrata del espíritu, en búsqueda permanente de la belleza y la verdad de un mundo pasado que poco a poco se iba desvaneciendo ante sus ojos.




[1] Germán de Argumosa: Más allá de los fenómenos paranormales. Edición póstuma a cargo de Pilar Ramiro de Pano. Madrid: Ediciones Oberón, 2014.
[2] José María Valiente Soriano (1900- 1982) había sido elegido Diputado por la Comunión Tradicionalista en las elecciones de febrero de 1936 y residía en Burgos cuando se produjo el Alzamiento, pasando a ser miembro de la Junta Nacional Carlista de Guerra. Cuando el general Franco expulsó de España a Manuel Fal Conde, jefe delegado de la Comunión Tradicionalista, Valiente actuó como su sustituto. En 1937, tras el Decreto de Unificación, fue uno de los once carlistas que entraron en el Consejo Nacional (de cincuenta miembros) de la nueva organización y asumió la jefatura provincial de Burgos, renunciando a su puesto en la Junta de Guerra.
[3] Julio Aróstegui: Combatientes requetés en la Guerra Civil española (1936-1939). Madrid: La Esfera de los Libros, 2013.
[4] La delegada nacional de Asistencia a Frentes y Hospitales era entonces la carlista vizcaína Casilda Ampuero, que había sustituido en el cargo de Delegada Nacional a la también carlista María Rosa Urraca Pastor, verdadera impulsora de Frentes y Hospitales desde su creación, y que había sido depuesta del cargo por Franco en el mes de julio de ese mismo año por las fricciones surgidas con los falangistas.
[5] Esta graduación de capitán de requetés, que era de carácter meramente interno dentro de la organización carlista, y no tenía virtualidad militar alguna en el Ejército, ha sido causa de muchos errores en semblanzas biográficas poco rigurosas que andan por Internet, y que se refieren a Argumosa con la condición militar de capitán o incluso de comandante del Ejército.  
 
 
 

1 comentario


irene.romera
hace 41 minutos

Excelente resumen de la vida tan intensa y llena de sufrimientos de Argumosa a quien gracias a ti conozco ahora. Eres excepcional Javier💪👏

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MUSEO CARLISTA DE MADRID.-

Colección J. Urcelay

Reservados los derechos. Museo Carlista de Madrid.- Colección J. Urcelay

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