• Museo Carlista de Madrid

Luciano y Mariano García Sánchez: recuerdo de unos héroes que el odio y el rencor no harán olvidar

Actualizado: 29 jun


Luciano García Sánchez, comandante del Tercio de Lácar

Según la descripción de Juan Martínez Acosta[i], partiendo del pueblo de Alcudia de Veo (Castellón), en plena sierra de Espadán, y, como a unos dos kilómetros en línea recta, después de serpentear por caminos forestales, se llega a dos montes, muy parecidos entre sí, en un paisaje que se encuentra sembrado de trincheras y restos de la Guerra Civil. Aquí tuvo lugar una de las más feroces batallas de la contienda civil, con grandes pérdidas por ambos bandos.


Muro y bunker en la sierra de Espadán, restos de la Guerra Civil

En una pequeña explanada, junto a una pendiente, se erguía un pequeño monumento coronado por una cruz. En él, una lápida con el escudo de la IV Brigada de Navarra recordaba el lugar donde cayeron muertos los hermanos Luciano y Mariano García Sánchez, comandante y capitán respectivamente del Tercio de Lácar, formado mayoritariamente por requetés vasco-navarros.


Monumento original en el lugar donde cayeron muertos los hermanos García Sánchez


Al producirse el Alzamiento de julio de 1936, los hermanos García Sánchez se pusieron de lado de los sublevados contra la República. El mayor, Luciano, capitán del ejército y héroe de África, se unió a los sublevados, marchando con su regimiento para tomar Huesca. El general Franco, bajo cuyo mando combatió en Marruecos, le destinó en julio de 1937 al frente del Norte como comandante del Tercio de Lácar, que ya por entonces se distinguía como una de las unidades más ardorosas del ejército nacional. En el Norte, Luciano ganó la medalla militar individual por su arrojo en el combate.


Esquela del comandante Luciano García

Su hermano Mariano, por su parte, estaba destinado en julio del 36 en la Mehal la Jalifiana de Larache Nº 2. Allí siguió tras el estallido de la guerra, hasta que en 1937 fue destinado al Batallón H de Cazadores de Melilla Nº 3. Tras pasar por Villa Sanjurjo, pasó a la Milicia de FET de las JONS. El 14 de junio de 1938 se incorpora al Tercio de Requetés de Montejurra, que combate al lado del que manda su hermano Luciano.


Capitán Mariano García


En julio de 1938 las tropas nacionales se encontraban inmersas en la ofensiva de Levante, buscando tomar la región valenciana, tras haber partido el territorio republicano en dos. El día 18 de abril, habían logrado llegar al mar, al alcanzar la IV de Navarra Vinaroz y desde allí proseguír su avance hacia Valencia. Pero la resistencia era muy fuerte y costaba mucho esfuerzo. Si conseguían tomar la Sierra de Espadán, podrían tomar Valencia y esto significaba el fin de la República.


Carmelo Revilla Cebrecos, en su libro sobre el Tercio de Lácar[ii], nos permite conocer de primera mano los episodios bélicos de aquellos días, ya que participó personalmente en los combates como alférez del Tercio, bajo el mando precisamente de Luciano García.

Los requetés de Lácar y Montejurra iban a la cabeza de estas operaciones, junto con el resto del ejército nacional. Los dos hermanos se habían encontrado en las estribaciones de Espadán. Luciano ya era comandante al Tercio de Lácar, y su hermano Mariano estaba recién llegado al de Montejurra.

Poco a poco van las tropas nacionales tomando un punto tras otro de la sierra, siempre bajo un intercambio del fuego de la artillería y con grandes precauciones, dado lo abrupto del terreno. El día 9, se encuentran frente a la cota 850. Se encontraba esta cota en una loma alargada, con dos montes muy pronunciados y muy parecidos, por lo que se les bautizó como "los dos tetones". Desde las posiciones nacionales hasta las republicanas, bien situadas en lo alto de los dos montes, mediaban 600 metros, todo ello con una pronunciada cuesta.


Los "dos tetones" de la Sierra de Espadán

Se iniciaron las operaciones con un bombardeo artillero y tras este, otro por parte de la aviación nacional. Acabado este, saltan los de Lácar cuesta arriba, hacia los dos tetones. Pero los republicanos responden con tal cantidad de fuego sobre sus posiciones, que se decide por los nacionales intentar el asalto por el costado derecho. Es inútil. No hay forma de asomar la cabeza y empiezan a caer los primeros heridos.

A las 14,30, tras bombardear de nuevo la aviación, se intenta un nuevo asalto y otra vez los requetés son barridos por el fuego republicano. A primera hora de la tarde, ante el fracaso y viendo que sus tropas chocaban con un enemigo bien aposentado, que devolvía una y otra vez las acometidas carlistas, el comandante jefe, Luciano García, decide ponerse él mismo al mando de sus hombres, se adelanta a la posición de salida y se lanza al frente de sus requetés hacia las dos montañas. Le recibe un nutrido fuego, y tras varios pasos, recibe un tiro en el vientre y cae herido de muerte. Inmediatamente su enlace, Nicanor Pérez de Obanos, se lanza hacia él para auxiliarle, pero, un balazo en el corazón unirá en el mismo trágico destino a oficial y subalterno. Otros seis requetés caerán junto al comandante y al enlace. Luciano García tenía 40 años de edad.

Nuevos intentos se realizarían el día 10 para tomar la cota 850 y todas fracasarían. Ante este panorama, el mando nacional ordena atrincherarse en sus posiciones y pasar a la defensiva. Las tropas se encontraban desmoralizadas y diezmadas, con gran número de bajas. Además, habían perdido a su comandante.

Los republicanos se lanzan al contraataque el 14 de madrugada, conteniendo a duras penas los nacionales sus posiciones. Ante la disyuntiva de retirarse o iniciar a su vez un avance con todas las fuerzas disponibles, el mando nacional ordena esto último y el 16 da comienzo la operación, y de nuevo se intenta tomar la cota 850, y otra vez la resistencia republicana rechaza el ataque, llegándose al cuerpo a cuerpo en una de las dos montañas, ocupándola por fin.

Al día siguiente son los republicanos los que intentan tomarla, pero la 5ª Bandera de la Legión y el 2º Batallón de San Marcial desalojan a estos. Así se suceden los días, con constantes ataques y contraataques, y sin que nadie ceda un palmo de terreno.

Tras conocer la muerte de su hermano, el capitán Mariano García Sánchez, pide ser trasladado a la misma unidad que dirigía Luciano. Su petición es aceptada, y el mismo día 10 de julio se incorpora al Tercio de Lácar. Este se había retirado a posiciones de partida, y queda de reserva en Sueras, un pueblecito de la sierra.

El 24 de julio se intenta maniobrar de manera que se acabe por fin con la resistencia en la sierra, pero entonces llega la noticia de que el ejército republicano acaba de cruzar el río Ebro, dando comienzo a la batalla más famosa de la guerra civil.

Así pues, los nacionales se atrincheran en el Espadán, a la espera del momento oportuno para seguir avanzando. De esta forma se pasarán los días, rotos por pequeñas escaramuzas o por intentos de uno y otro lado de infiltrarse en las líneas.

El 10 de agosto, queda el tercio sobre los "dos tetones", que ya habían pasado a formar parte de su historia. En la medianoche del 12 se intenta el asalto por los republicanos y son rechazados. Sigue durante los días siguientes el intercambio artillero entre unos y otros. Llega el día 18, el fuego de la artillería sigue machacando las posiciones, añadida a este el fuego de mortero. A las 14,30, el fuego artillero es especialmente duro en la cota 850. A las 15 horas, los republicanos se lanzan al asalto de las posiciones nacionales, llegan a las alambradas y saltan al parapeto. El combate es violentísimo, luchándose cuerpo a cuerpo, pero finalmente son rechazados por los de Lácar. Sin embargo, tras el ataque apenas quedan defensores vivos. Inmediatamente se mandan refuerzos a esta posición, donde el capitán Mariano García Sánchez aguanta con sus pocos hombres. Del Tercio de Montejurra llegan tres secciones, justo en el momento en el que los republicanos intentan un nuevo asalto. Mariano García ordena que no se dispare hasta que se encuentren en las alambradas de la posición. Al llegar a este punto, los reciben con granadas de mano y nutrido fuego de fusilería. En el fragor del combate, el capitán García Sánchez es herido de metralla. Sin abandonar su puesto, sigue arengando a los suyos, pero, un tiro en la frente acaba con la resistencia de éste. Tenía 38 años, y sólo hacía 39 días que había muerto su hermano frente a esta misma posición.

Las acciones en la Sierra de Espadán valieron al comandante Luciano García Sánchez su segunda medalla individual al mérito militar, a título póstumo, y al Tercio de Lácar y a la IV Brigada de Navarra la medalla militar colectiva.

Tras terminar la guerra, se decidió que se erigiese un monumento para honrar la memoria de estos dos heroicos hermanos, en el mismo sitio donde habían caído. Años más tarde, el monumento fue destruido por un rayo en una tormenta, aunque con posterioridad se proyectó la reconstrucción del mismo, sufragada por el Gobierno Civil de Castellón.


Lápida reconstruida por las autoridades castellonenses

Recientemente, alentados por el intento de borrar toda huella del pasado que ha propiciado la ley de Memoria Histórica, la nueva lápida ha sido completamente destruida a golpe de piqueta, y repartida en mil pedazos por el terreno circundante. No hay piedra ni mármol que resista el odio de unos desalmados, que actúan siempre al amparo de la oscuridad y la impunidad.


Restos de la lápida, en el Museo carlista de Madrid

Una buena parte de los pedazos de la lápida, confundidos entre las muchas piedras del terreno y dispersas en un radio de gran amplitud, fueron recogidos por nuestro amigo el coronel Ricardo Pardo Camacho, alma del Aula Bermúdez de Castro y enamorado de la historia militar castellonense, y entregados al Museo Carlista de Madrid para su conservación. En él han quedado expuestos, como recuerdo y permanente homenaje a dos gloriosos militares que dieron su vida por Dios y por España.







[i] Para este escrito nos basamos casi literalmente en el texto del citado autor, publicado en la Gaceta del Aula Bermúdez de Castro de Castellón. [ii] Carmelo Revilla Cebrecos: Tercio de Lácar. Madrid: G. del Toro editor, 1973.



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