MUSEO CARLISTA DE MADRID.-

Colección J. Urcelay

Reservados los derechos. Museo Carlista de Madrid.- Colección J. Urcelay

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John Frederick Lewis: sus cuadros sobre la Primera Guerra Carlista

Actualizado: 12 de ago de 2019


Acuarela "The Spy", de John F. Lewis, "redescubierta" en 2019


John Frederick Lewis, retratado en la década de 1860

John Frederick Lewis es uno de los mejores representantes de la pintura llamada orientalista. Una pintura caracterizada por la atracción que en los artistas europeos ejercía el exotismo de los países mediterráneos, como Egipto, Grecia, Marruecos, Túnez o España. Sus culturas, costumbres y formas de vida resultaban a sus ojos coloristas, misteriosas, atávicas y dominadas por una visión pasional de la vida que fascinaba a unos europeos que entraban por entonces en la primera revolución industrial.


John Frederick Lewis nació en Londres en 1804, hijo de Frederick Christian Lewis (1779-1856), un grabador y pintor paisajista cuyos padres se habían trasladado desde Alemania a Inglaterra. Su tío, Charles Lewis, era un prestigioso encuadernador, y otros miembros de la familia eran igualmente artistas que se habían formado en el taller de Sir Thomas Lawrence.


Las primeras pinturas de John F. Lewis fueron principalmente de animales. En 1827 John empezó una serie de viajes por Europa, al tiempo que empezó a pintar acuarelas. Más tarde, entre 1832 y 1834 viajó por España y por Marruecos. Muchos de sus dibujos de esta época se convirtieron en litografías y fueron publicados en las obras Sketches and Drawings of the Alhambra, made during a Residence in Granada in the Years 1833–4 (1835) y Lewis's Sketches of Spain and Spanish Character (1836). Durante estos años se le conoció como el Lewis español, para diferenciarle de su hermano Frederick Christian, el Lewis indio, por haber marchado a aquél país en 1834.


Cuando John Frederick visitó España entre 1833 y 1834 se hospedó inicialmente en Madrid, donde visitaba con asiduidad el Museo del Prado realizando copias de los grandes maestros. Más tarde pasó un tiempo en Toledo y Granada, donde permanecía gran parte del tiempo en la Alhambra realizando dibujos; finalmente vivió en Sevilla quedando impresionado por su Semana Santa. Durante este tiempo, conoció al famoso bandolero José María “El Tempranillo”, del que realizó un retrato, cuando este contaba con 28 años de edad. En su estancia andaluza se alojó en casa del conocido hispanista británico Richard Ford, que se había trasladado a nuestro país en 1832 a causa de la precaria salud de su primera esposa, fijando su residencia en Sevilla y en el palacio del Generalife de Granada. Ford, enamorado de las costumbres hispánicas, hizo distintos viajes por toda la Península en compañía de arrieros y vestido como un natural, mezclándose con las clases populares y criticando acerbamente la corrupción y el mal gobierno de las clases dirigentes del país. Aprovechó además para elaborar más de 500 dibujos, regresando a Inglaterra en 1833, desde donde escribió diversos libros y colecciones de artículos sobre asuntos y temas españoles, muy difundidos en su época.

Fue durante esos meses en que John F. Lewis coincidió con Richard Ford en España que realizó los cuadros conocidos como sus pinturas españolas, entre las que hay una curiosa acuarela de una escena de caza (“Richard Ford and J.F. Lewis on a shooting excursión”,1833).en el que aparecen retratados juntos los dos artistas, ambos vestidos a la usanza española, además de otros cuadros de paisajes, tipos, costumbres y monumentos españoles, fundamentalmente andaluces, recogidos en las publicaciones citadas más arriba.


Tras abandonar España, John F. Lewis viajó a Italia y Grecia, antes de trasladarse en 1840 a vivir a El Cairo, donde residiría durante más de diez años, y donde realizaría la mayor parte de su celebrada obra. La precisión de sus representaciones arquitectónicas, del mobiliario, escenas y tipos humanos marcó un nuevo referente para la pintura realista, que ejercería una clara influencia en otros artistas posteriores, tanto ingleses como continentales. Cultivó la pintura fundamentalmente de acuarela, pero también al óleo, repitiendo con frecuencia los mismos temas o composiciones con una y otra técnica.


En 1851Lewis regresó a Inglaterra, fijando su residencia en Walton-on-Thames. A partir de 1858, en que abandonó la presidencia de la Asociación de Acuarelistas, pintó al óleo muchos de sus apuntes y acuarelas realizados en los años anteriores por comprobar que se vendían antes y a mejores precios. Su fallecimiento ocurrió en 1876, después de un periodo de un par de años de inactividad por la precariedad de su salud.

En parte por la escasez de fuentes, la biografía de John Frederick Lewis no se publicó hasta 2014. Tras haber permanecido su nombre casi en el olvido durante décadas, su obra volvió a revalorizarse a partir de los años 70 del siglo XX, siendo en la actualidad sus cuadros extraordinariamente cotizados, con precios de subasta a veces cercanos al millón de dólares.


Durante sus dos años en España y el tiempo que coincidió con Richard Ford, John F. Lewis pintó tres acuarelas relativas a la guerra carlista que tenía lugar entonces, especialmente en el país vasco-navarro, Cataluña y Levante.

Entre ellas, destaca la magnífica acuarela de 53x74 cm denominada comúnmente “The spy”, redescubierta en este 2019 después de ser vista en público por última vez en 1891.


Publicaciones de 2019 en las que se da cuenta del redescubrimiento del cuadro de John F. Lewis


La revista inglesa Country Life dedicó al cuadro un amplio reportaje en su número de 5 de junio de 2019, y el 3 de julio la anticuaria londinense Karen Taylor y el especialista Charles Newton –ex conservador en el Victoria & Albert Museum y co-autor con Briony Llewellyn del catálogo razonado de la obra de Lewis- le dedicaron una sesión académica en la exposición anual de verano.

La obra representa una escena de la Primera Guerra Carlista, sucedida mientras Lewis viajaba por España. Una mujer implora a los pies de Zumalacárregui por la vida de su esposo, un espía cristino descubierto por los carlistas. Lewis pinta al legendario héroe carlista con su característico uniforme con zamarra y boina roja de amplio vuelo. Para ello Lewis se inspiró en los bocetos que le proporcionó el capitán Charles Frederick Henningsen, ayudante de campo de Zumalacárregui y que aparece en la acuarela detrás suyo.

No es fácil deducir del cuadro la opinión que a Lewis merecía la Guerra Carlista y, en este caso, la figura del legendario Zumalacárregui. Dependiendo de la perspectiva de cada uno, puede verse en el cuadro la crueldad del caudillo carlista y la tragedia del pobre espía y su desolada esposa o, por el contrario, admirar –como su compatriota Henningsen-, la reciedumbre y la capacidad del general carlista, y la legitimidad de la Causa que defendía.


El cuadro participó en la exposición de la Society of Painters in Water Colour en 1837, lo que marca un tope cronológico a la fecha de su realización. Posteriormente se hizo con él un grabado realizado por el padre y el hermano del pintor –Fredrerick Christian y Charles G. Lewis respectivamente- publicado por Graves en 1840 y 1841 con el título The Spanish Wife´s Last Appeal, y que en 1858 apareció publicado en The Art Journal. Un ejemplar del grabado de 1841, bien conocido en el siglo XIX aunque no recogido en las publicaciones que hemos mencionado sobre la obra de Lewis en España, ha entrado recientemente a formar parte de la colección del Museo Zumalacárregui de Ormaiztegui, donado por la familia Obieta Vilallonga. Otros ejemplares se encuentran en el British Museum y el Victoria & Albert Museum de Londres.


Grabado de la obra de Lewis de 1841, conservado en el Museo Zumalacárregui

Tras su exposición del 1837 y la elaboración posterior del grabado, la acuarela de Lewis de la que venimos hablando participó en la Exposición de Invierno de la Royal Academy, celebrada en Londres en 1891, cedida por Arthur Blake. A partir de entonces pasó al olvido, colgada en un cuarto oscuro en una colección privada en Dorset, propiedad de la familia Blake. Ello no impidió que la obra fuera mencionada por Nicholas Tromans en un artículo publicado en noviembre de 1997 en The Burlington Magazine sobre los cuadros dedicados por Lewis a la guerra carlista, en los que la referida acuarela se consideraba en paradero desconocido.[1]

La acuarela de Lewis reapareció en abril de 2019 en el catálogo de la casa de subastas Duke´s de Dorchester, entre otros objetos procedentes de Moigne House, una casa de campo inglesa levantada en 1898 por Henry Pomeroy Bond, un miembro de la familia Bond que residía en Dorset desde un par de siglos antes. El último miembro de la familia Bond en ocupar Moigne Combe fue el general Mark Bond, ayudante de campo del Mariscal de Campo Montgomery.


En la subasta de Duke´s del 10 de abril de 2019 la acuarela fue vendida a una puja de 14.000 libras esterlinas -uno de los precios más altos pagados hasta ahora por las “obras españolas” de Lewis- pasando a ser propiedad de la anticuaria Karen Taylor, quien completó el estudio sobre la obra y divulgó su existencia, para ponerla de nuevo a la venta por un precio varias veces superior al de su adquisición.


The Spy no es la única acuarela que J.F. Lewis dedicó a la Guerra Carlista que conoció durante su estancia en España y a través de sus relaciones con sus compatriotas Richard Ford y Charles F. Henningsen. Realizó varios bocetos –como el del Cura Merino conservado en el Victoria & Albert Museum- y algunos cuadros sobre participantes o escenas de la guerra. La mayor parte de esos bocetos, que eran bien bocetos o apuntes para obras posteriores a la acuarela o al óleo, se han perdido, conservándose sólo el del Cura Merino y algún otro en el Victoria & Albert Museum de Londres. Aparte de estos bocetos, Lewis expuso en 1838 otra obra sobre la guerra carlista, titulada The Pillage of a Convent, in Spain, by Guerilla Soldiers de 52x75 cm, y que fue vendida a un coleccionista privado en una subasta celebrada en Inglaterra.


The Pillage of a Convent, in Spain, by Guerilla Soldiers, de John F. Lewis

También realizó cuatro estudios para al menos otro cuadro sobre la Guerra Carlista, cuyo titulo se supone que sería The Proclamation of Don Carlos. Uno de ellos, de 45x56 cm y conservado en la colección del Morgan Library and Museum de New York (1977.31), muestra a Zumalacárregui en la misma postura que en The Spy, delante de un cañón y un grupo de carlistas apuntando sus armas. Realizado a la acuarela, con lápiz y témpera, contiene en su reverso una inscripción sobre su exposición en la Glasgow East-End Industrial Exhibition de 1903-04 y su paso posterior a la colección de Mrs. Keyden, junto al título, Proclamation of Don Carlos.

Otro de estos bocetos, representa guerrilleros, soldados, campesinos, mujeres y clero carlista, en una composición claramente llamada a ser parte de un cuadro mayor.


El Museo Carlista de Madrid se enorgullece de contribuir al redescubrimiento en nuestro país de la obra de John F. Lewis sobre la Primera Guerra carlista, realizada por quien conoció de primera mano aquella época y aquellos acontecimientos.

[1] Nicholas Tromans en The Burlington Magazine Vol. CXXXIX, no.1136, November 1997, pp.760-762, illus. fig 48