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  • Museo Carlista de Madrid

Cuando el hoy Venerable P. Tarín S.J quiso luchar como voluntario de Don Carlos


El último tercio del siglo XIX y primero del XX dio a la Iglesia una constelación de miembros de la Compañía de Jesús que hoy se veneran en los altares o están camino de hacerlo. Jesuitas santos de una elevada talla humana y sobrenatural, adornados de una profunda caridad y solicitud por las almas, que se dejaron la vida al servicio del prójimo, muchas veces en las misiones populares que recorrían pueblos y aldeas de los rincones más olvidados de nuestra geografía. Religiosos como el P. Rubio, el Hno. Gárate, el P. Tiburcio Arnaiz, el P. Tarín…y tantos otros.

Sus nombres son objeto de la devoción popular en Madrid, Bilbao, Málaga, Sevilla..., que mantiene viva la fama de santidad que tuvieron en vida y que se ha prolongado tras su muerte hasta nuestros días. Sus figuras merecen ser conocidas y divulgadas, porque su labor tuvo que enfrentarse a un secularismo que ya en su tiempo, como ocurre actualmente, amenazaba la fe de los españoles.


El Venerable Siervo de Dios Francisco de Paula Tarín fue uno de estos grandes jesuitas. De él conserva el Museo Carlista de Madrid una preciosa reliquia, integrada recientemente en la sala donde se recuerda a los santos, beatos y siervos de Dios afectos a la causa carlista.


Reliquia del P. Franscisco de Paula Tarín y Arnau, sacerdote jesuita camino de los altares
Reliquia del P. Tarín S.J. Museo Carlista de Madrid

Nació en Godelleta, Valencia, en 1847, en una familia de acomodados labradores, noveno de diez hermanos. Estudió el bachillerato en los Escolapios y en 1866 se matriculó en Derecho y Filosofía y Letras. En 1873 ingresó en el noviciado de la Compañía de Jesús que estaba en Poyanne, Francia.

Desde 1885 hasta el año de su muerte en 1910, durante 25 años, el padre Tarín recorrió infatigablemente España como misionero, pese a su poca salud. Apodado «Perpetuo Trajín» por su incesante actividad, dedicó su vida a predicar la palabra de Dios en las misiones populares. Acompañado siempre de fama de santidad por su obediencia, pobreza y humildad, luchó mucho en sus misiones porque la gente no siguiera las enseñanzas de los protestantes, los anticlericales o los masones.


Durante sus seis años como superior de Sevilla fomentó diversas asociaciones, entre otras el Apostolado de la Oración.  En Sevilla fundó la Real Hermandad de Maestros de Primera Enseñanza de San Casiano, para oponer maestros católicos a la enseñanza pública laica. Se cuentan muchos prodigios que le sucedieron.


En 1909 su precaria salud se resintió irreversiblemente.  El 21 de noviembre de 1910 llegó de San Fernando casi arrastrándose y el 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe, una advocación muy querida por él, falleció el padre Tarín.

Sus restos reposan en la Iglesia del Sagrado Corazón en Sevilla, donde desde hace más de un siglo reciben continuas muestras de devoción popular.



Franscisco de Paula Tarín y Arnau, sacerdote jesuita camino de los altares
Francisco de Paula Tarín S.J

La mejor biografía existente del hoy Venerable Siervo de Dios Francisco Tarín S.J es la publicada en 1951 por el P. Pedro María Ayala S. J[i], de la que extraemos la información que nos interesa.


Corría el año 1872, inicio de la Tercera Guerra Carlista, y Francisco Tarín tenía 25 años, sin que su futuro se hubiera aun despejado, si bien en su alma empezaba a despertar la vocación a la Compañía de Jesús. Pero antes de marchar al Noviciado, “como él tenía ideas carlistas, cuando era joven, y la persecución en Valencia por los años de 1873 era muy violenta”, “creyó obligación suya volar al campamento y sentar plaza de soldado en las milicias de Don Carlos para apoyar el triunfo de la causa católica, antes que en las de S. Ignacio”.

El P. Melián S.J, compañero en el futuro del P. Tarín en las misiones, le oyó decir “que su primera intención fue combatir con las armas materiales a la revolución impía”.

Compartía en ello sus ideas con su hermano menor José Ramón y con su pariente Carmelo Llosá, que servía como enlace a los jefes carlistas. Sus conversaciones en clave les hacían referirse a “los buenos” para los que peleaban por Don Carlos, la “santa causa” o “la santa” para la causa que defendían, y “los de la cuerda” para los que comulgaban con sus ideas.


En julio de 1873, en el curso de aquella anárquica y grotesca Primera República, Valencia se proclamó cantón independiente. Francisco salió de la ciudad, en manos de los revolucionarios, y emprendió un azaroso camino hacia el Norte sin ropa ni dinero, en busca de su pariente Carmelo, para alistarse en el ejército carlista, y del Provincial de Castilla, para resolver su admisión en la Compañía de Jesús.


En septiembre, Tarín llegó a Madrid, donde Castelar sustituía en el poder a Salmerón en medio de una gran inestabilidad. Allí se reunió con Carmelo Llosá y obtuvo pasaporte para Burgos, donde esperaba encontrarse con algún jefe superior carlista encargado del reclutamiento para poder “realizar sus ansiadas aspiraciones”. Tras unos días en la capital castellana, el 20 de septiembre llegó Francisco a Estella, donde se incorporó como simple soldado al Cuartel General de D. Carlos. Allí vivió la vida de campamento, con anécdotas de la campaña muy curiosas, que contaría años después durante algunas de sus visitas apostólicas.


Poco duró, sin embargo, a Francisco Tarín su condición de soldado carlista. Aun convaleciente de la gravísima enfermedad pulmonar -probablemente tuberculosis- que en los dos años anteriores le había puesto al borde de la muerte, e incapaz de seguir las marchas y contramarchas de los fornidos voluntarios navarros y vascongados, temió que en vez de “combatir con las armas a la revolución impía”, fuera recluido en un destino de oficina.

El encuentro imprevisto con unos Padres de la Compañía que ejercían su ministerio en el campo carlista, le determinó a marchar al Noviciado que los jesuitas de Castilla -expulsados por la Revolución- tenían en Poyanne (Francia).


El soldado de la Santa Causa, pasaría desde entonces a militar con gloria bajo la bandera del nombre de Jesús.

Con la que se encuentra ahora camino de los Altares.


  


[i] P. Pedro María Ayala S.J: Vida documentada del Siervo de Dios P. Francisco de Paula Tarín, de la Compañía de Jesús. Sevilla: Gráficas La Gavidia, 1951.

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