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  • Museo Carlista de Madrid

¿Cómo era Zumalacárregui? El verdadero aspecto del caudillo carlista

Actualizado: 12 sept 2023


Estatua del mausoleo de Zumalacárregui en Cegama, reproducida por Ediciones de Escultura Histórica


Con el sugerente título de ¿Cómo era Zumalacárregui?, el bibliógrafo José María de Azcona publicó un artículo en el El Siglo Futuro, en el número que el 24 de junio de 1935 el diario tradicionalista dedicó a la conmemoración del centenario del legendario caudillo carlista.

Repasaba en él el erudito tafallés la iconografía conocida del invicto general, producida en vida de éste o en el período inmediatamente posterior, tratando de valorar cada uno de los retratos en cuanto a su fidelidad a los rasgos fisonómicos del personaje de acuerdo a las descripciones que dejaron de él algunas de las personas que le conocieron.


Artículo de José María Azcona publicado en El Siglo Futuro de 24 de junio de 1935

Artículo de José María Azcona publicado en El Siglo Futuro de 24 de junio de 1935


Años después, amplió el contenido de este primer escrito convirtiéndolo en la Sección Tercera de su documentado libro Zumalacárregui. Estudio crítico de las fuentes históricas de su tiempo, editado en Madrid por el Instituto de Estudios Políticos en 1946

Transcurridos ya tres cuartos de siglo desde esta última publicación, nuestro propósito es actualizar aquel trabajo, para beneficio de los que puedan tener curiosidad por el mismo asunto, así como incorporar alguna novedad a la vista de los retratos de Zumalacárregui conservados en el Museo Carlista de Madrid.

Para conocer el aspecto de Zumalacárregui, la mejor referencia es posiblemente la proporcionada por quien fue su ayudante general y secretario durante la Primera Guerra Carlista, el navarro Juan Antonio Zaratiegui y Celigüeta (1804​ - 1873), que en 1845 publicó su Vida y hechos de don Tomás de Zumalacárregui. Las afirmaciones contenidas en el preámbulo de su libro no dejan duda de la calidad de su testimonio en lo relativo a lo que luego será su descripción de la fisonomía de su jefe: “Honrados con la amistad de Zumalacárregui, depositarios de su entera confianza, testigos oculares de todos sus actos, tanto públicos como privados, durante el tiempo de la guerra ...”

Según la descripción de Zaratiegui, “Don Tomás de Zumalacárregui era de estatura de cinco pies y dos pulgadas -equivalente a una modesta altura, para criterios actuales pero no para los de entonces, de 1,57 metros[i]-: tenía la espalda un poco ancha y algo torcida. De ordinario no llevaba la cabeza muy erguida, y antes por el contrario, cuando caminaba a pie, marchaba con la vista fija en el suelo, como si fuese ocupado de una profunda meditación. Sus ojos eran claros y castaños, el mirar penetrante, profundo como el del águila; su tez clara, la nariz regular, el cabello castaño oscuro y espeso, en sus últimos años principiaba ya a encanecerse, y lo llevaba por lo común muy corto. La patilla unida al bigote favorecía en extremo a su fisonomía, mostrándola tan singular, como belicosa: nunca se veía en sus acciones, ni públicas ni privadas, cosa que desmintiese aquel aire de imperio con que la naturaleza le había dotado”.

Descripción que Azcona recrea con sus palabras: “Tengo a Zumalacárregui metido en un baño de hiposulfito. Aquí está, con su zamarreta de cordero y sus patillas de mariscal, el cuello recio, las espaldas anchas, la mandíbula fuerte, las cejas unidas, un hombro más levantado que otro como Federico II. Tiene algo del Aníbal de las medallas y del Napoleón en su vuelta de Rusia”.

Sólo un retrato de los conocidos fue hecho del natural, y es el realizado por el inglés Charles F. Henningsen, que sirvió como lancero a las órdenes de Zumalacárregui y que recogió en su libro The most Striking events of a Twelvemonth´s campaign with Zumalacarregui in Navarre and the Basque Provinces, publicado por primera vez en Londres en 1836 y del que se hicieron después ediciones en varios idiomas. En opinión de Azcona, siempre crítica, “no es una obra de arte, pero tiene, al menos, el sello de la autenticidad”. El general Eraso, compañero inseparable de Zumalacárregui, felicitó al inglés por el parecido que había logrado en su obra.


 Zumalacárregui dibujado por el inglés Ch. F. Henningsen

Zumalacárregui dibujado por el inglés Ch. F. Henningsen


En 1835, viviendo Zumalacárregui, el Barón de los Valles publicó su famosa obra Un châpitre de l´histoire de Charles V que, además de un grabado del rey carlista, contenía un retrato del famoso general, dibujado por A. Maurin, en el que el estudioso tafallés le ve “gordo, con bigote de guías engomadas y también teatral”. Según cuenta Azcona, el barón no quedó contento con este retrato, diciéndoselo desde Paris por carta al propio Zumalacárregui: “Ya se venden retratos de S. M y de usted; pero no están parecidos”. La edición española, aparecida en 1836, es una pequeña variante del mismo dibujo, realizada por el mismo autor, y que Azcona considera aún peor: “parece un santo antiguo”.


Retrato de Zumalacárregui en la obra del Barón de los Valles

Retrato de Zumalacárregui en la obra del Barón de los Valles



También en vida de Tomás de Zumalacárregui, el 5 de mayo de 1835, sólo poco más de un mes antes de su muerte, la revista francesa La Mode publicó un extravagante retrato del general carlista firmado por Jacques A., en el que, al decir de Azcona, “aparece como un personaje de opereta, con su uniforme de guardarropía, su gran barretina y su espadón terrible, que le hacía pasar entre las lectoras legitimistas como le plus grand sabreur du monte”.

 Visión francesa de Zumalacárregui en la revista La Mode

Visión francesa de Zumalacárregui en la revista La Mode


No sabemos que hubiera opinado Azcona si hubiera conocido el disparatado grabado publicado en 1834 en Stuttgart, hasta ahora desconocido y que ha sido recientemente adquirido por el Museo Carlista de Madrid. Quizás influyera en él la comparación que se hizo de Zumalacárregui con Andreas Hofer, el admirable caudillo monárquico tirolés. Su fidelidad artística es solo comparable a la ortográfica mostrada en la forma de escribir el nombre del héroe: Zumala-Carreguy. En todo caso, tan pintoresca representación sirve al menos para dar cuenta de la fama que alcanzó en vida el caudillo carlista más allá de nuestras fronteras.


Retrato alemán de Zumalacárregui, conservado en el Museo Carlista de Madrid

Disparatado retrato alemán de Zumalacárregui, conservado en el Museo Carlista de Madrid


Sin duda, la iconografía de Zumalacárregui de la "escuela alemana" se lleva la palma en lo que a apartamiento de la fisonomía real del caudillo carlista se refiere, como podemos ver en este otro grabado localizado recientemente y del que conocemos detalles sobre lugar o fecha de publicación.



Tomás de Zumalacárregui en una grabado de la "escuela alemana"


De los retratos realizados tras la muerte del caudillo carlista, el más cercano a su fallecimiento fue el realizado por A. Bayot, aparecido en la obra Voyage en Navarre pendant l´insurrection des Basques, del periodista y escritor francés Augustin Chao, publicada por primera vez en Paris en 1836. Para Azcona, siempre mordaz, el general aparece “con bucles de cochero francés, pañuelo al cuello y guerrera galoneada al estilo de los bastoneros o suizos parroquiales”.



Zumalacárregui dibujado por A. Bayot para el libro de Augustin Chao

Zumalacárregui dibujado por A. Bayot para el libro de Augustin Chao


En el libro Tío Tomás, souvenirs de un soldat de Charles V, publicado en 1836 por Alejo Sabatier, aparece un retrato de Zumalacárregui, debido a G. de Galard, que es una pequeña variación sobre el dibujado por Henningsen. También aporta el texto una breve descripción del general, al que el autor conoció personalmente, pues mandó la cuarta compañía del tercer batallón de Navarra -el llamado el Requeté-, antes de pasar al batallón de Guías de Navarra. Sabatier describe a Tío Tomás -el fue quien puso en circulación este apodo aplicado cariñosamente a Zumalacárregui como “hombre de estatura corriente y complexión fuerte. Sus ojos tenían gran vivacidad y su mirada era tan terrible en los momentos de indignación como dulce y bondadosa en los de alegría. Sus cabellos eran negros y las patillas estaban unidas a los caídos bigotes. Inclinaba ligeramente la cabeza sobre el hombro derecho, algo más levantado que el izquierdo” ·.

Zumalacárregui dibujado por A. Bayot para el libro de Augustin Chao

Retrato de "Tío Tomás", de G. de Galard


Otro retrato publicado tras la desaparición del caudillo de los vascos, pero antes de que acabara la guerra, fue el dibujado por Isidoro Magués, al que Don Carlos acogió en su Cuartel Real en Durando para hacer su retrato y el de sus generales y cortesanos, publicados por primera vez en 1837 en su libro Don Carlos et ses defenseurs, collection de 20 portraits originaux dessines d'apres nature. El de Zumalacárregui fue el único que Magués no pudo realizar del natural, pero aún así logró un dibujo estimable. Consciente de que en la galería de defensores de Don Carlos no podía faltar la figura del inmortal general, y de la imposibilidad ya de verlo para realizar su retrato, creyó su deber hacer lo posible para suplir esta deficiencia, como el mismo dejo escrito en el prólogo de su libro: "Así, después de haber recogido todos los retratos ya publicados y asesorándome de personas que le conocían, llegue a la conclusión de que todos estaban satisfechos con ellos, pero que yo no puedo garantizar como los otros retratos pintados del natural".

Zumalacárregui dibujado por Isidoro Magués para su album sobre los defensores de Carlos V


De ese mismo año de 1837 procede una litografía representando a Zumalacárregui junto a Don Carlos y sus tropas que, si bien no tiene la pretensión de ser un retrato, tiene un notable verismo. Fue publicada en Londres por el mayor Charles Van Zeller en su álbum titulado Civil war in Spain. Characteristic sketches of the different troops, regular and irregular, native and foreign, composing the armies of don Carlos and queen Isabella, also various scenes of military operations, and costumes of the spanish peasantry.


 Litografía del oficial anglo-portugués Van Zeller mostrando a Zumalacárregui con Don Carlos

Litografía del oficial anglo-portugués Van Zeller mostrando a Zumalacárregui con Don Carlos


En el dibujo se aprecia, como señala Azcona, “la mediana estatura de Zumalacárregui junto a Don Carlos, que tenía la misma o poco menos que él, y su elevación de hombros, tan característica”. Como curiosidad, Zumalacárregui lleva debajo del brazo el catalejo que le regaló el coronel Gurwood y que había pertenecido a lord Wellington, del que hoy existen tres ejemplares en diferentes lugares que claman su autenticidad.

Resulta llamativo el caso del retrato de Zumalacárregui que apareció en la biografía titulada Vida y hechos de D. Tomás de Zumalacárregui escrita por Zaratiegui -que ya hemos dicho que trató asiduamente al general - y que fue publicada en 1845. El dibujo, realizado por J. Parada y litografiado por Ch. Vogt, según Azcona “representa a Zumalacárregui de gran uniforme, erguido y arrogante, con entorchados de Capitán General, fajín y banda y una constelación de medallas en el pecho. Este retrato, que Azcona de forma inmisericorde considera “el más absurdo”, ha tenido una gran difusión, entre otras cosas por haber servido de base a la famosa litografía realizada por Gregorio Hombrados Oñativia en las gráficas Laborde y Labayen de Tolosa, que tanta difusión tuvo en el segundo tercio del siglo XX y hasta la actualidad.


 Zumalacárregui  en la obra de Zaratiegui, dibujado por J. Parada

Zumalacárregui en la obra de Zaratiegui, dibujado por J. Parada


Otro retrato contemporáneo, también de los años 40 del siglo XIX, es el que apareció en la biografía escrita por Francisco de Paula Madrazo titulada Historia militar y política de Zumalacárregui, publicada en 1844. El dibujo fue realizado por José Vallejo, miembro destacado de la generación de artistas grabadores que ilustraron numerosos libros románticos, y se inspiró en el realizado por Magués, incorporando el famoso catalejo. Madrazo no conoció personalmente a Zumalacárregui, pero para la realización de su obra contó con la ayuda de su viuda y de su hermano Miguel Ángel Zumalacárregui.


 Zumalacárregui  en la obra de Zaratiegui, dibujado por J. Parada

Zumalacárregui tal como aparece en la biografía escrita por F. de P. Madrazo

El Tomo II del libro Galería Militar Contemporánea, colección de biografías y retratos que más celebridad han conseguido en los ejércitos liberal y carlista, durante la última guerra civil, publicado en 1846, recoge un retrato de Zumalacárregui, híbrido de la cabeza dibujada por Magués y el cuerpo en gran uniforme que hizo Parada. El Estandarte Real, núm. 31, publicó más adelante una reproducción del mismo, como haría también con algunos otros grabados con escenas de la guerra en las que aparecía el general.



Retrato de Zumalacárregui en la Galería Militar Contemporánea

De esta misma época es otro retrato del general dibujado por A. Maurin, editado por la casa Rosselin en París, y que forma parte de los fondos del Museo Carlista de Madrid. El dibujo, de tanto encanto como idealización, se encuentra a mitad de camino entre los mostrados en las obras del Barón de los Valles y de Chao, probablemente por ser los más conocidos en el ámbito francés.


Grabado francés de Zumalacárregui, editado en París por Rosselin

Grabado francés de Zumalacárregui, editado en París por Rosselin

La Biblioteca Nacional conserva seis retratos de Zumalacárregui, de los que tres son simples variantes de los ya repasados. Dos son dibujos con el general carlista en acción, montado sobre su caballo. El tercero de ellos, firmado por P. B, le parece a Azcona más “la efigie del magistrado que la del general Zumalacárregui”.


Zumalacárregui en uno de los retratos conservados en la Biblioteca Nacional


Los consignados hasta aquí son los principales retratos existentes de Zumalacárregui realizados por sus contemporáneos en la primera mitad del siglo XIX, reproducidos después cientos de veces con distintas variaciones sobre el dibujo original. A ellos hay que unir las otras muchas imágenes existentes en las que aparece Zumalacárregui, sin excluir unos cuantos cuadros al óleo o acuarela -cómo no recordar las obras de Lewis, Van Zeller, Maeztu, Saénz de Tejada…- , de alguno de los cuales Azcona da cuenta en su libro y otros de los cuales pueden contemplarse en el Museo Carlista de Madrid, y cuyo último exponente es el soberbio cuadro del general a caballo realizado por el gran pintor Augusto Ferrer-Dalmau para la Gran Peña de Madrid -de cuya uniformidad y aspecto, que no de su valor artístico, mucho me temo que Azcona habría tenido algo que decir- , con el que concluimos este pequeño trabajo de actualización.



Zumalacárregui a caballo, pintado por Augusto Ferrer-Dalmau. Gran Peña de Madrid

Zumalacárregui a caballo, el más destacado de los óleos de Augusto Ferrer-Dalmau en los que se representa al héroe carlista. Gran Peña de Madrid

El repaso de todas esas otras obras, cuya producción llega hasta nuestros días, para constituir un catálogo completo de la iconografía de Zumalacárregui, sale fuera del propósito de este artículo, cuyo objetivo era mostrar la fisonomía e il vero aspetto que tuvo uno de los militares más legendarios de nuestra historia.


[i] Como referencia, el propio rey Don Carlos V medía cinco pies y una pulgada, es decir, 1,54 metros de altura.

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