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RETRATOS AL ÓLEO DE JEFES CARLISTAS DEL MAESTRAZGO DURANTE LA PRIMERA GUERRA CARLISTA (1833-1840)

  • Museo Carlista de Madrid
  • hace 9 horas
  • 12 Min. de lectura

La historia se ilumina cuando podemos ver imágenes de los acontecimientos del pasado y de los personajes que los protagonizaron. En el caso de la Primera Guerra Carlista nos quedan de sus protagonistas algunos retratos al óleo, de un grupo muy minoritario, y algunos grabados con los que se ilustraron los libros de la época. Algunos de ellos, verdaderas obras de arte, reflejo de la maestría de sus autores; otros, de escasa calidad, apenas constituidos por unos cuantos trazos.


Para enriquecer el patrimonio iconográfico de la Primera Guerra Carlista, y contribuir a la memoria de los defensores de la Causa de Dios, la Patria y el Rey, el Museo Carlista de Madrid presenta esta colección de retratos de algunos de los principales jefes carlistas de la contienda en el territorio del Maestrazgo, procedentes un par de ellos de cuadros originales conservados en el museo o, la gran mayoría, recreados mediante IA a partir de aquellos viejos grabados. Los retratos se acompañan de una breve semblanza extraida de nuestro libro "El Maestrazgo Carlista", publicado por la Editorial Antinea de Vinaróz (Castellón) hace ya un par de décadas.


Cabrera y Griñó, Ramón:


Ramón Cabrera y Griñó. Museo Carlista de Madrid.
Ramón Cabrera y Griñó. Museo Carlista de Madrid.

Nació en Tortosa el 27 de diciembre de 1826. Estudio en el seminario de su ciudad para acogerse a un beneficio eclesiástico al que tenía derecho por su familia. En diciembre de 1833 fue desterrado por el Gobernador Militar de la plaza junto a otros elementos juzgados peligrosos, con lo que se incorporó en Morella a la insurrección carlista. Tras rápidos ascensos a las órdenes primero de Marcoval y luego del brigadier D. Manuel Carnicer, fue nombrado Comandante General interino de los carlistas de Aragón, al partir Carnicer camino del Cuartel Real, de donde había sido requerido.

Participó en la famosa expedición del general Gómez en su recorrido por el sur peninsular.

Al cruzar el Ebro la Expedición Real fue nombrado Comandante General de Aragón y Valencia, llegando con la expedición del Pretendiente ante los muros de Madrid. Regresado al Maestrazgo obtuvo resonantes triunfos, que le convirtieron en caudillo indiscutible del carlismo levantino. Creó y organizo un poderoso Ejército y estableció la administración civil del extenso territorio controlado bajo su mando. La toma de Morella en enero de 1838 y su heroica defensa pocos meses después, le valieron el título de Conde de Morella concedido por Carlos V.

Firmado el Convenio de Vergara, lo consideró una traición y se mantuvo en la lucha. No obstante, la concentración de los ejércitos liberales del Centro y del Norte contra él, agrupando fuerzas muy superiores, hizo imposible la resistencia. Pasó el Ebro y trató de mantenerse en Cataluña, pero fue imposible, viéndose obligado en Julio de 1840 a pasar con su ejército a Francia, dando por acabada la Guerra de los Siete Años.

Tras ocho años de exilio en Francia, donde se mantuvo en contacto con los exilados carlistas y la Familia Real en el destierro, en 1848 entró de nuevo en España, para alentar la campaña montemolinista que se desarrollaba en Cataluña. Abrumado por fuerzas muy superiores y turbios métodos usados por el bando liberal para causar la defección entre los carlistas, pasó de nuevo a Francia en abril de 1849, con lo que la insurrección carlista recibió un golpe de muerte.

Exiliado en Londres, contrajo matrimonio en 1850 con Mariane Catherine Richards, una rica heredera protestante que simpatizaba con el carlismo, al que había apoyado económicamente Como regalo de boda, Carlos VI le nombró Capitán General y le concedió el nuevo título de Marqués del Ter. De su matrimonio irían naciendo cinco vástagos, tres varones y dos hembras.

Cabrera se mantuvo al margen de la intentona frustrada de San Carlos de la Rápita, por considerar que no se daban las garantías de éxito suficientes. Una vez fracasado el movimiento, muerto Carlos VI y expuesto el Trono carlista a las veleidades de Juan III, Cabrera fue progresivamente retirándose a sus quehaceres privados en su extraordinaria finca de Wentworth, al oeste de Londres, donde fijó su residencia.

Proclamado como abanderado del Carlismo Carlos VII y producida la abdicación en el mismo de los derechos de su padre Juan III, Cabrera volvió a participar activamente en los trabajos del partido carlista, en el que constituía el referente legendario y la personalidad de máximo prestigio. Sin embargo, sus diferencias con la camarilla que rodeaba a Carlos VII, y la diferencia de edad y experiencia con el Pretendiente, acabaron de apartarle de éste y separándole de la disciplina carlista.

En 1875 Cabrera, con salud precaria, harto de aventuras que tanta sangre costaban y encerrado en un creciente escepticismo –aunque sin abandonar sus ideas de siempre- acabó reconociendo a Alfonso XII y poniendo su prestigio al servicio de la finalización de la guerra. Carlos VII le proclamó traidor y le retiró todos sus títulos, grados y condecoraciones, que le fueron sin embargo restituidos por Alfonso XII.

Ramón Cabrera falleció en Wentworth el 24 de mayo de 1877, tras varios meses de penosa enfermedad, denostado por unos y marginado por otros, haciendo que la historia no haya hecho aún justicia a una de las personalidades más destacadas del siglo XIX español.

Pocos hombres tan injustamente tratados por la historiografía actual - redactada por “los vencedores” - como el general Cabrera. Las crueldades de una guerra civil que las exageraciones emocionales de la época romántica y la durísima represión  del bando gubernamental –de la que el fusilamiento de la madre de su madre no fue ni  el primero ni el único exponente- convirtieron en feroz “guerra sin cuartel” por ambos bandos, han eclipsado el genio militar y político de un hombre que, sin ser militar de carrera, pasó de “cabecilla” de una partida de veinte hombres armados con palos, a mandar un ejército de veinte mil hombres, perfectamente organizado, instruido y uniformado, y a gobernar política y administrativamente durante casi dos años un territorio que cubría casi una tercera parte de la superficie del país. Extendida su fama por toda Europa, aureolado de prestigio militar y ostentando con orgullo los títulos de Conde de Morella y Marqués del Ter concedidos por sus soberanos Carlos V y Carlos VI, casado con la rica heredera de una gran fortuna en Inglaterra, el General Cabrera trató a reyes, aristócratas y mariscales de toda la Europa de su tiempo, conoció y disfrutó de la amistad de Napoleón III y Guillermo I de Prusia, del Príncipe de Gales, del Conde de Chambord, de Maximiliano de Méjico, de las Casas Reales de Austria, Módena, Nápoles y Parma, y al final de sus días obtuvo de Alfonso XII el reconocimiento de su grado de Capitán General del Ejército español y de las principales condecoraciones militares al valor y al heroísmo en hechos de armas.

 

Carnicer, Manuel:


Ramón Carnicer. Museo Carlista de Madrid.
Ramón Carnicer. Museo Carlista de Madrid.

Natural de Alcañiz (Teruel) . Ingresó en el Real Cuerpo de Guardias Walonas, donde llegó a Capitán. Sirvió después en la Guardia Real, en la que mandó un regimiento. Separado del servicio en las postrimerías del reinado de Fernando VII, residió en su ciudad natal, hasta que a la muerte del monarca se alzó a favor de D. Carlos, proclamando a Carlos V por primera vez en Aragón en La Codoñera, de donde pasó a Morella, iniciando con el Barón de Herbés y el coronel Victoria el levantamiento carlista en el Maestrazgo.

Fusilados los jefes del alzamiento, fue nombrado Comandante General de Aragón y ascendido a Brigadier. Durante los dos primeros años de la guerra coordinó las distintas partidas carlistas que operaban en el Maestrazgo, llevando a sus órdenes al jóven oficial tortosino y exseminarista Ramón Cabrera. Tras el viaje de éste al Cuartel Real, fue llamado a presentarse a su Rey, dejando el mando interino al coronel Cabrera y partiendo de viaje a través del territorio controlado por los liberales, disfrazado como arriero. Sin embargo, un antiguo subordinado suyo le reconoció al cruzar  el puente de Miranda de Ebro, siendo apresado y fusilado en esta misma localidad el 6 de Abril de 1835.

 

 

Forcadell y Michavila, Domingo:


Domingo Forcadell. Museo Carlista de Madrid.
Domingo Forcadell. Museo Carlista de Madrid.
Domingo Forcadell. Museo Carlista de Madrid. El cuadro original se encuentra en paradero desconocido.
Domingo Forcadell. Museo Carlista de Madrid. El cuadro original se encuentra en paradero desconocido.

Conocido con el apodo “Pebreroyo”. Nació en Ulldecona (Tarragona) el 20 de enero de 1800 (y no en 1798, como aparece en sus biografías), según consta en el Archivo parroquial de Ulldecona, de padres labradores bastante acomodados. Después de aprender a leer y escribir se dedicó a los trabajos del campo. No heredó de sus padres un gran patrimonio, pues según las leyes del Principado, el heredero fue el hermano mayor. Tenía bastante talento natural, pero era de carácter serio e introvertido, aunque desprendido con los amigos, lo que le daban ascendiente sobre ellos. Tomó parte en el alzamiento realista contra el trienio constitucional. En 1821 fue teniente de caballería y ayudante del mariscal de campo Ramón Chambó. El 7 de junio de 1822 fue rescatado por éste, al frente de 300 hombres, de la prisión de Ulldecona, donde estaba custodiado por 30 milicianos y esperando ser fusilado al día siguiente.  Por su valor y apoyado por Chambó, llegó a comandante de batallón. Comprendido después entre los excedentes, sólo le quedó una cruz, pensionada con cuatro reales diarios, y el grado de teniente.  Al comienzo de la guerra civil entró de nuevo en campaña a favor de Carlos V, siendo uno de los primeros que se incorporaron a Morella. Después de la derrota de Calanda y después de la de Chodos, se acogió al indulto, aunque a los pocos meses salió de nuevo de Ulldecona, con alguna gente que pudo reclutar, para continuar la guerra, creando su propia partida. Se distinguió notablemente en los ejércitos de Valencia y Aragón, ascendiendo hasta mariscal de campo. Emigró en 1840 al terminar aquella lucha, y regresó a España en 1848, tomando parte en la segunda guerra civil, primero en Cataluña y luego en Aragón y Valencia. Se exilió por segunda vez, y no regresó a España hasta muchos años más tarde, como simple particular, y falleció en Ulldecona en 1866.

 

 

Llagostera y Casadevall, Luis.

Luís Llagostera. Museo Carlista de Madrid.
Luís Llagostera. Museo Carlista de Madrid.

Nació en Llagostera, término de Vich, de cuyo pueblo tomó el apodo por el que era conocido (otras fuentes le dan por nacido en Manlleu (Barcelona). En 1821 entró a servir en las filas de los realistas catalanes, en la partida del Barón de Eroles, quien le patrocinó, llegando a teniente coronel. Después de la guerra, fue clasificado como teniente de Caballería, con grado de Capitán. Prestó sus servicios en el regimiento de Caballería de Bailén, ascendiendo a capitán en 1829. Estando en Lérida a mediados de 1834 en el Batallón de Bailen, salió del mismo de noche, junto con el Capellán del Batallón, para dirigirse al Bajo Aragón, donde se unió a Quilez y luego a Carnicer, que valoró mucho su incorporación.  Al terminar la campaña, estaba en situación de cuartel, emigrando, sin embargo, a Francia, donde falleció en 1844, siendo Mariscal de Campo.

 Hasta sus enemigos más encarnizados, no tuvieron más remedio que confesar que era un militar instruido, exacto en el cumplimiento de su deber y de conducta intachable, mereciendo siempre gran aprecio de sus jefes. De carácter austero, era un hombre profundamente piadoso, y oía misa todos los días.

 

Miralles Marín, José (“el Serrador”).


José Miralles a. El Serrador. Museo Carlista de Madrid.
José Miralles a. El Serrador. Museo Carlista de Madrid.

Nació en Villafranca del Cid (Castellón) en 1792. Sus padres, Manuel y Mariana Marín, de condición muy modesta, habitaban una posada y no cuidaron de dar a sus hijos instrucción, sino que les dedicaron a sacar madera de los pinares tan pronto como estuvieron en condiciones de poder trabajar. Eran cuatro hermanos, todos de elevada estatura y fuerzas hercúleas. Sirvió de voluntario en Caballería durante la Guerra de la Independencia.  Llamado a quintas se le destinó a la Guardia Real, pero al poco tiempo desertó de las filas y volvió a su tierra, donde oculto en los pinares, desempeñó el oficio de serrador, hasta que el alcalde D. Joaquín Falcó, siguiendo órdenes superiores, le detuvo y llevó a Valencia. Pudo escaparse y de nuevo fue reclamado, pero los acontecimientos de 1822 le dieron la oportunidad de escapar a la persecución, incorporándose como voluntario a la partida de D. Ramón Chambó, en unión de su hermano Manuel. Hizo la guerra de 1820 a 23, ascendiendo a teniente de lanceros por méritos de guerra. En 1826 fue declarado excedente por no saber leer ni escribir, enviándole desde Tarragona a su tierra. Allí contrajo matrimonio con Francisca Edo, de Benasal, trabajando en su oficio de leñador.  Durante la primera Guerra Civil se presentó en Morella, tras el levantamiento de la plaza, con otros realistas de Benasal -uno de ellos su hermano Manuel-, que habían combatido durante el Trienio, destinándosele como teniente de caballería. Durante la guerra fue jefe de la Caballería valenciana, y desempeño la Comandancia General de Valencia, habiendo ascendido a Brigadier. Por divergencias con Cabrera pasó a la situación de cuartel en Benasal, en la que estaba al terminar la guerra en 1840, presentándose a indulto al general Buil cuando éste entró en el pueblo. Allí residió pacíficamente hasta 1843, en que, regresado La Cova de Francia con su facción, volvió a echarse al monte con una partida, siendo nombrado Comandante General del Maestrazgo. Halló gloriosa muerte en la Masía de Covatelles en el barranco de Montlló, en el término de Villafranca del Cid, el día 15 de mayo de 1844, en unión de su sobrino Ramón Miralles, alias Boca Negra.

“En algunas biografías, escritas con mala fe, se le pinta como un hombre de malas costumbres y ladrón. Esto es falso; le pudimos tratar antes de la guerra de los Siete Años, durante la guerra y hasta pocos días antes de morir en mayo de 1844. El Serrador era pobre, pero honrado; de talento natural, aunque de instrucción descuidada, y valiente, y por ello tuvo rivales” (J. Segura Barreda)

 

 

O´Callaghan y Tarragó, Ramón:


Ramón O´Callagham. Museo Carlista de Madrid.
Ramón O´Callagham. Museo Carlista de Madrid.

Natural de Benisanet (Tarragona), donde nació en 1798.  Militar profesional durante el reinado de Fernando VII, participó en la campaña contra el Trienio Constitucional y en la “guerra de los Malcontents” en 1827, por lo que tuvo que exilarse a Francia.

En la primera guerra carlista sirvió en el ejército de Cabrera, mandando como coronel el “1º de Mora”, y siendo más tarde gobernador de las plazas de Cantavieja y de Morella, a la que defendió durante el célebre asedio del general liberal Oráa.

Al final de la guerra emigró a Francia con todo el ejército del general Cabrera, muriendo en Montpellier el 11 de abril de 1844.

 

 

Polo y Muñoz de Velasco, Juan de Dios.


Juan de Dios Polo Muñoz de Velasco. Museo Carlista de Madrid.
Juan de Dios Polo Muñoz de Velasco. Museo Carlista de Madrid.

Nació en Córdoba en 1810. En 1833 era capitán del ejército. En 1834 se incorporó al ejército de Carlos V en el Norte. Tras ascender a comandante, mandó un batallón navarro. Formó parte de la Expedición Real como teniente coronel, llegando a tierras del Maestrazgo. Destinado al Ejército de Aragón y Valencia, mandó como coronel el 6º Batallón de Aragón y luego la brigada aragonesa en 1839 tras ascender a brigadier. Al acabar la guerra se exiló a Francia, casado con Juana, hermana del general Ramón Cabrera. Volvió a España en 1848 acogiéndose a indulto y reconocido su empleo en el ejército nacional. Tras la Revolución de 1868 se presentó a Don Carlos, quien le ascendió a Mariscal de Campo. Se alzó en armas en 1868 en tierras de La Mancha, cayendo prisionero y siendo condenado a muerte, si bien le sería conmutada la pena por la de destierro. Pasó a Francia, donde se mantuvo al margen de la tercera guerra, hasta que se acogió al Acuerdo firmado por Cabrera con el gobierno de Alfonso XII, tras el cual volvió a España, donde falleció poco después.

 

Quílez, Joaquín.


Joaquín Quilez. Museo Carlista de Madrid.
Joaquín Quilez. Museo Carlista de Madrid.

Nació en Samper de Calanda (Teruel) en 1799, de padres labradores de escasa fortuna, pero honrados, que procuraron dar a sus hijos una mediana educación. Aprendió a leer y escribir, dedicándole luego a los trabajos del campo. En la Guerra de la Independencia participó llegando a ser promovido a sargento. Finalizada la misma, regresó licenciado a Samper. En 1821 se echó al monte incorporándose a la división del Royo y, en poco tiempo, ascendió por su valor a teniente coronel. Restituido el Rey Fernando a Madrid, en la ley de clasificaciones se le dejó de teniente graduado de capitán, prometiéndole empleo en el servicio de las armas más adelante. En 1827 se le destinó al regimiento de Soria, en el que sirvió hasta la muerte del rey.  Siendo oficial de la Guardia Real de Caballería, fue separado del ejército a principios de 1833, estando en Mallorca, por sus ideas realistas, mandándole de cuartel a Samper.  A principios de 1834 reunió un grupo de amigos y creó una partida que aumentó rápidamente por el prestigio del que gozaba en el Bajo Aragón. Mandó la Caballería carlista de Aragón, ascendió a Mariscal de Campo y murió en Muniesa en 1837 de las heridas recibidas en la batalla de Herrera o Villar de los Navarros.

De carácter brusco y testarudo como aragonés, tuvo una cierta rivalidad con Cabrera, al considerarse, como militar profesional, con mayores méritos que el ex seminarista tortosino para asumir el mando de los carlistas aragoneses.


Ram de Viu, Rafael (Barón de Herbés):


Rafel Ram de Viu, barón de Hervés. Museo Carlista de Madrid.
Rafel Ram de Viu, barón de Hervés. Museo Carlista de Madrid.


Nació en Alcañiz, según las fuentes más fiables. Colaboró con el general Palafox en la Guerra de la Independencia, sufriendo por ello la detención de su esposa e hijo, hasta que pudieron ser canjeados. En 1919 recibió el despacho de comandante de Infantería, en situación de retiro. De profundas ideas realistas, en 1824 fue nombrado Gobernador Militar y Político de Teruel, y después, entre 1828 y 1833, Alcalde Corregidor de la ciudad de Valencia.

A la muerte de Fernando VII, el barón de Herbés se dirigió a Morella, donde proclamó a Carlos V y presidió la Junta creada por los carlistas. Abandonó la plaza con el grueso de los voluntarios realistas que se habían sumado al levantamiento, cuando fue atacada por la columna liberal de Horé. A la altura de Calanda los carlistas fueron alcanzados, sufriendo una severa derrota que ocasionó su total dispersión. El Barón escapó, pero fue reconocido y apresado en la masía de Barberizas, en Manzanera (Teruel). Conducido a Teruel, fue fusilado el 27 de diciembre de 1833, tras dejar un testamento admirable, reflejo de su profunda religiosidad y elevados sentimientos patrióticos.

 

 
 
 

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MUSEO CARLISTA DE MADRID.-

Colección J. Urcelay

Reservados los derechos. Museo Carlista de Madrid.- Colección J. Urcelay

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