El pañuelo que vendó los ojos del general Ortega en su fusilamiento.
- Museo Carlista de Madrid
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En la primavera de 1860, España vivía tensiones políticas profundas bajo el reinado de Isabel II, agravadas por la Guerra de África. En este ambiente, algunos sectores buscaban derrocar al régimen liberal-monárquico y restaurar la legitimidad que correspondía al Conde de Montemolín, Carlos VI para los carlistas.
El General Jaime Ortega y Olleta, nacido en Tauste en 1816 de ilustre familia, era un militar isabelino con carrera destacada: durante la I Guerra Carlista, fue recompensado con tres cruces de San Fernando por su heroico comportamiento, así como con el ascenso a comandante por méritos de guerra a los 22 años. A los 26 años era coronel y a los 30 Mariscal de Campo.

Tras tener una gran influencia en los gobiernos moderados de la década de 1840, las diferencias políticas con el gobierno progresista salido del golpe de Estado de 1854 (la Vicalvarada) le hicieron irse al exilio y, a su regreso, acercarse al carlismo y comprometerse, siendo capitán general de Baleares, a llevar a cabo un levantamiento que destronara a Isabel II y proclamara rey a Carlos Luis de Borbón y Braganza, Conde de Montemolín.
El 1 de abril, Ortega zarpó desde Palma de Mallorca con alrededor de 4.000 hombres, algunas piezas de artillería y oficiales comprometidos, desembarcando en San Carlos de la Rápita (Tarragona) con la intención de provocar el alzamiento de otros cuarteles en la Península. El propio pretendiente Conde de Montemolín y su hermano, el infante don Fernando, también formaban parte de incógnito de las fuerzas expedicionarias.
El plan contaba con supuestas adhesiones de otros mandos y guarniciones, e incluso de altas instancias del Reino -el propio rey consorte, esposo de Isabel II-, pero la realidad fue muy distinta
Al llegar a San Carlos de la Rápita, muchos de los oficiales y soldados no estaban informados de la verdadera intención del desembarco y se negaron a secundar el levantamiento.
Tras fracasar el plan, Ortega intentó desplazarse hacia Aragón buscando apoyo, pero fue capturado por la Guardia Civil en Calanda y conducido posteriormente al castillo de San Juan, en Tortosa, que en esos momentos funcionaba como centro de operaciones militares y judiciales del gobierno para juzgar a los implicados en la conjura.
El propio Conde de Montemolín y su hermano, que habían logrado esconderse, fueron localizados y apresados, pero después de ser llevados igualmente a Tortosa, fueron liberados tras ser obligados a renunciar a sus derechos al trono. Una vez fuera de España, Montemolín declararía que esa renuncia no tenía validez jurídica.
En Tortosa, el general Ortega fue sometido a un fulminante consejo de guerra por alta traición. El consejo estuvo compuesto por oficiales de rango inferior a Ortega, lo que suscitó protestas del propio general y de su abogado defensor, el teniente Félix de Wenetz, porque según el Código de Justicia Militar de la época un mariscal de campo debía ser juzgado por generales.
Ortega protestó por la competencia del tribunal y solicitó un juicio adecuado a su rango, pero estas apelaciones no prosperaron. El consejo de guerra lo condenó a muerte -en lo que muchos jurisconsultos posteriores consideraron un verdadero “asesinato jurídico”- y fue degradado de sus rangos y títulos militares.
Las fuentes históricas conservan detalles concretos y bastante dramáticos sobre la prisión, el juicio militar y el fusilamiento del general Ortega y Olleta.[1]
Los relatos de la época aportan algunos detalles humanos sobre sus últimos días. Después del veredicto, el general fue puesto “en capilla” durante unos días, donde permaneció con serenidad y fortaleza, convencido de que quizás llegaría el indulto por sus vínculos y la intervención de personajes influyentes. Según memorias y testimonios recogidos con posterioridad, Ortega esperó el perdón real hasta el último momento, incluso confiando en gestiones de familiares y allegados ante la reina.
En el calabozo, Ortega recibió la visita de Teresa González de Castejón y Arnedo, marquesa de Castejón, con quien Ortega mantenía una estrecha amistad desde los tiempos de su exilio en París, donde Teresa ejercía de dama de compañía de la emperatriz Eugenia de Montijo. Cuando el general fue condenado a muerte, la marquesa acudió a Tortosa portando un salvoconducto de la propia reina Isabel II para procurar la evasión del preso disfrazado de mujer, lo que éste rechazó.
La ejecución se llevó a cabo a las tres de la tarde del 18 de abril de 1860, bajo las murallas de Tortosa. La marquesa de Castejón “interpuso un piadoso pañuelo de seda entre los ojos del ajusticiado y los cañones de los fusileros…el pañuelo de seda femenino que, en Tauste, se guarda en el mausoleo de Ortega”[2].
Según otra versión, el pañuelo –“que se conservaba en el mausoleo de Tauste”[3]- le habría sido entregado al general por la marquesa en el calabozo, antes del fusilamiento.
En el otoño de 2017, al cumplirse el bicentenario del nacimiento del general Ortega, las concejalías de cultura de los Ayuntamientos de Gallur y Tauste, junto con el Centro de Estudios Galluranos, la Asociación Cultural El Patiaz de Tauste y la empresa Historia de Aragón, organizaron en las mencionadas localidades aragonesas una mesa redonda y exposición conmemorativas de su ilustre hijo.

En la exposición dedicada a su recuerdo, pudieron contemplarse diferentes recortes de prensa de la época, su nombramiento como caballero de la Orden de Calatrava, un retrato al óleo y, como gran curiosidad, el pañuelo que cubrió sus ojos durante su fusilamiento.

En enero de 2026, el histórico pañuelo que había cubierto los ojos del infortunado general Ortega fue donado al Museo Carlista de Madrid por uno de los descendientes del general Elío -que acompañó a Montemolín en el desembarco de San Carlos de la Rápita-, hijo del embajador D. José Luís Los Arcos Elío (1913-1994), ilustre prohombre del carlismo y coleccionista de sus recuerdos históricos, que conservaba con veneración tan singular objeto.
[1] En la Gaceta de Madrid se publicaron los hechos de la “Ortegada” y el fusilamiento del general Jaime Ortega, así como los anuncios oficiales de su ejecución, que pueden consultarse en el Archivo digital de la Gaceta de Madrid o en la Hemeroteca del BOE:
-Núm. 109 – 18 de abril de 1860: Contiene un parte de lo ocurrido en la plaza de Tortosa desde el día 2 al 4 de abril (antes del fusilamiento).
-Núm. 110 – 19 de abril de 1860: Incluye la nota oficial de que “ayer a las tres de la tarde fue pasado por las armas en Tortosa el ex-General Ortega”.
[2] Tomás Espuny: “Jaime Ortega y su enigmático pronunciamiento”. Cuadernos de Aragón, 10-11. Institución Fernando el Católico.




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