El Carlismo en el equipaje: el baúl de un alumno interno en el colegio San Francisco Javier de Tudela.
- Museo Carlista de Madrid
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Entre las piezas históricas incorporadas recientemente al Museo Carlista de Madrid, destaca una por su singularidad, el baúl de equipaje de un alumno interno carlista del colegio San Francisco Javier de Tudela, perteneciente a la Compañía de Jesús.

La presencia educativa de la Compañía de Jesús en Tudela se remonta al año 1.600, cuando se estableció el primer colegio jesuita en la ciudad, conocido como el colegio de San Andrés. Esta primera institución jesuítica dejó de funcionar con la expulsión de los jesuitas en 1767 y la confiscación de sus bienes por el Estado.
En 1891 se retomó este legado con la fundación de un nuevo colegio de los jesuitas en la calle San Francisco Javier de Tudela, al que se pondría el nombre de este mismo santo navarro de la Compañía de Jesús.

El colegio se inauguró el 12 de septiembre de 1891 con 54 alumnos matriculados, de los cuales 36 eran internos y 18 lo eran como alumnos externos, casi todos de Tudela.
El colegio creció rápidamente y se convirtió muy pronto en un referente educativo para las élites de la Ribera navarra y de todo el antiguo Reino, provincias limítrofes e incluso regiones distantes.
El baúl en cuestión que constituye el protagonista de nuestro relato, se trata de un baúl de madera y cuero, de aproximadamente 90 cm de largo por 60 cm de alto, con dos pequeñas asas metálicas en los frentes laterales para su traslado.
No teniendo mayor valor material en sí, aparte del etnográfico de tratarse de un objeto de viaje de hace más de un siglo, lo que lo convierte este singular baúl en pieza única es hallarse interiormente forrado con recortes de periódicos carlistas pegados a sus paredes interiores, y en particular con un gran retrato de Carlos VII y su esposa Doña Berta en el interior de la tapa superior, y otro en color de Don Jaime en su fondo. Otras partes del baúl se hallan igualmente tapizadas con otros recortes de carácter carlista o religioso procedentes de prensa carlista de la época como El Siglo Futuro, El Correo Español o el periódico Chapel zuri. Todo ello apunta, pues, de manera inequívoca a un alumno de las primeras promociones del colegio -presumiblemente entre 1895 y 1905-, de evidente filiación carlista.


La vinculación de este alumno de la institución jesuítica con el carlismo no es la única en la historia del colegio San Francisco Javier de la Compañía de Jesús en Tudela, cuyas relaciones con el carlismo tuvieron otros destacados protagonistas.
A finales del siglo XIX y comienzos del XX, el Carlismo era una corriente política de gran implantación en Navarra, con activa presencia en Tudela, constituyendo parte del entorno social vinculado al colegio e influyendo culturalmente en la vida social de la ciudad y en las élites que se educaban en el colegio de los jesuitas
La construcción del imponente edificio que alberga al colegio, hecha posible gracias a donaciones de benefactores locales, tuvo como contratista principal a un prohombre del carlismo tudelano como fue Blas Morte Sodornil (1). Destacado político, constructor, promotor y mecenas de Tudela, Morte fue el encargado de construir el nuevo edificio del colegio jesuita, cuyas obras comenzaron en 1888.

La elección de Morte para construir el colegio no fue casual, sino que fue elegido por ser un empresario local solvente, un católico militante, y políticamente fiable para los jesuitas. En la práctica, Morte fue una pieza clave para que el proyecto educativo se materializara. Los jesuitas, recién reinstalados en Tudela tras décadas de ausencia, necesitaban apoyos locales fuertes y Blas Morte encajaba perfectamente en ese perfil. Aunque no consta que fuera patrono formal del colegio, sí formó parte del entorno de confianza laica que permitió su consolidación en los primeros años.
Blas Morte Sodornil nació en Tudela en 1849. En su juventud inició su vida laboral como albañil y cantero, reflejando un origen familiar de clase trabajadora ligado al taller artesanal. Más tarde se convertiría en empresario con negocios en construcción, madera, comercio, azúcar y agricultura.
En 1873, con 24 años, Blas Morte se alistó como voluntario en las tropas de Don Carlos durante la Tercera Guerra Carlista. Formó parte del Primer Batallón de Navarra, ascendiendo al grado de teniente y sirviendo en el frente hasta el final de las hostilidades.
Tras la guerra, Blas Morte jugó un papel importante dentro del carlismo local y regional. En 1894, adquirió un edificio en Tudela que alquiló al Círculo Católico Tradicionalista, el núcleo organizativo del carlismo en la localidad y fue impulsor de la Juventud Carlista y presidente de la agrupación tradicionalista de Tudela.
En 1897 participó en la fundación de El Pensamiento Navarro, diario que se convertiría en uno de los principales órganos de expresión del carlismo en Navarra.
Como dirigente local, coordinó campañas y apoyó a las candidaturas tradicionalistas durante las elecciones de 1907 y 1910, ayudando a revertir la hegemonía liberal en el distrito y consolidar el tradicionalismo en la Ribera. Posteriormente, durante las divisiones internas del carlismo, ligadas al cisma mellista, se mantuvo firme al lado del pretendiente Don Jaime, fortaleciendo así su liderazgo en el carlismo navarro.
Entre 1913 y 1917, Blas Morte desempeñó el cargo de vicepresidente y presidente en funciones de la Diputación Foral de Navarra, y a principios de 1920 fue nombrado jefe regional de Carlismo en Navarra y La Rioja. Llegó a ser considerado para convertirse en jefe-delegado del carlismo a nivel nacional, aunque su edad y salud finalmente lo impidieron. Un año después, en 1921, fallecería en Tudela.
Si Morte jugó un papel clave en la edificación del colegio de San Francisco Javier, no menos importante fue el desempeñado por el entonces alcalde de Tudela, Francisco Sánchez Asso, que impulsó la realización de las obras, asistió a la inauguración del colegio y lo apoyó decididamente en sus primeros pasos.
Francisco Sánchez Asso, nacido hacia 1831 en Sant Feliu de Guíxols (Gerona) se trasladó a vivir a Navarra, incorporándose en 1864 al Colegio de Abogados de Pamplona y más tarde ejerciendo como letrado en Tudela.

En 1865 fue elegido diputado a Cortes por la circunscripción de Navarra en las elecciones de diciembre de 1865 en el grupo católico-monárquico presidido por Cándiodo Nocedal, jurando su cargo en abril de abril de 1866. Su baja en el Congreso se produjo el 31 de diciembre de ese mismo año.
Durante los períodos 1891-1892 y después 1899 a 1901 ejerció la alcaldía de Tudela. Bajo su mandato se inauguraron infraestructuras destacadas, como la maquinaria de la Azucarera de Tudela, símbolo del impulso industrial local de la época, y el convento de San Francisco Javier.
Sánchez Asso fue autor de diversas publicaciones, fundamentalmente de carácter histórico-legal, así como del opúsculo titulado “Al Partido monárquico-católico de Tudela de Navarra” (Tudela, 1869), en el que queda clara su filiación tradicionalista. Ello viene refrendado también por que su hijo, José Sánchez Marco (1865-1949), fuera un destacado político navarro con raíces en el integrismo y posteriormente integrado en el carlismo. Francisco Sánchez Assó falleció en Tudela en 1910, casi ya octogenario.
Entre el grupo de jesuitas que formaba la primera comunidad del colegio San Francisco Javier, cuyo superior era el P. Salustiano Carrera, se encontraba el Padre Nicasio Eguilluz, un anciano jesuita bastante impedido a causa de una sordera extrema. Este jesuita era hijo de una distinguida familia guipuzcoana, cuyo padre había sido presidente de la Diputación en el campo carlista.
Los vínculos entre el colegio y el tradicionalismo de la época -que representaba entonces el catolicismo social más militante- no eran, por tanto, meramente anecdóticos, y el propietario de nuestro baúl no debió ser el único alumno procedente de familias carlistas vasco-navarras o riojanas, de buena posición social, que mandaron a sus hijos internos a recibir la educación impartida por los jesuitas, con un régimen ordenado de estudio, oración y actividades comunitarias.
En el caso del dueño del baúl, todo indica que se trataba de un alumno riojano, pues en el mismo se conservan, muy deterioradas, dos etiquetas, una en la tapa indicando el Colegio San Francisco Javier de Tudela como remitente, y otra en un lateral señalando la estación de ferrocarril de Haro como destinatario. Es la única pista sobre la titularidad del baúl, junto al resto legible de la palabra Riaño, en la etiqueta tapada por la primera que mencionamos, que quizás se refiera al primer o segundo apellido del propietario del baúl.


Que el dueño del baúl fuera de Haro, o algún pueblo cercano, y fuera de filiación carlista no es extraño, pues durante la Restauración (finales del siglo XIX y principios del XX), el carlismo fue una corriente política activa en La Rioja, especialmente en la Rioja Alta y en su centro urbano, Haro, donde tuvo una presencia social y política significativa, constituyendo un nodo relevante del tradicionalismo en la provincia.
En Haro se publicaba desde 1897 el semanario carlista La Lealtad Riojana, que duraría hasta 1912 con algunos periodos de interrupción entre medias. Distintas personalidades animaban el carlismo local, como Valentín Negreda, elegido como diputado provincial por el distrito de Santo Domingo de la Calzada y Haro en varios periodos (1892-1910), o Lorenzo de Cura y Pérez Caballero, militar y político tradicionalista, diputado provincial por Haro-Santo Domingo en 1901 y 1905, vinculado al carlismo regional.

Los sectores vitivinícolas de Haro, tanto empresariales como de los obreros que trabajaban en las bodegas, participaban en bastantes casos en la defensa de valores tradicionales que se articulaban en torno a la identidad carlista en eventos y círculos sociales. Es a estos sectores a los que podemos presumir que pertenecería familiarmente nuestro alumno, cuya identidad seguimos tratando de investigar.

Los fondos del Museo Carlista de Madrid se enriquecen con una pieza que, como ocurre en otros tantos casos, no es solo un simple objeto añejo superviviente del pasado, sino testimonio de una historia, un mundo, unos hombres y unos valores que hoy se desvanecen, y que merecen que no se pierdan en el olvido.
(1) Blas Morte contrajo matrimonio en 1876 con Gregoria Celayeta Palacios (1846-?).La pareja tuvo 3 hijos, Luis, Víctor y Asunción Morte Celayeta; todos eran también activos carlistas y en 1936 Víctor representó a Tudela en la Junta Carlista de Guerra. Sus nietos Blas, José y Javier Morte Francés lucharon como requetés. Blas estuvo entre los carlistas que reconocieron a Juan de Borbón en 1957 y fue consejero foral.




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