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Eutanasia: argumentos para el debate sobre su legalización

Actualizado: may 16

El gobierno de Pedro Sánchez ha anunciado que la primera ley que llevara al Parlamento es la de la legalización de la eutanasia. La prioridad deriva de la necesidad de atender a lo que sería una perentoria demanda en la sociedad española.

Como siempre en estos casos, la cuestión se plantea ante la opinión pública con un planteamiento fundamentalmente emocional, según el cual el progreso y el derecho a una muerte digna estarían de un lado, y el reaccionarismo y las imposiciones religiosas, hoy inadmisibles, estarían del otro.

Pero la cuestión de la eutanasia es mucho más que eso, y merece la pena conocer lo que hay en juego detrás de ese aparentemente inocente derecho a poder morir sin sufrimiento.




Respecto a la eutanasia, existen dos mentalidades o tipos de planteamientos:


Postulados de la mentalidad pro eutanasia:

-No todos los seres humanos son personas

-No todas las personas son iguales en dignidad y derechos

-Es lícito acabar con la vida de un ser humano en determinadas circunstancias

-La dignidad es relativa, está sujeta a la calidad de vida y la capacidad de manifestar las potencias propias de los seres humanos sanos

-La dignidad es subjetiva: depende del juicio que cada cual tenga de si mismo y su propia vida

-La calidad de vida es el bien absoluto al que deben subordinarse los demás, de modo que es lícito acabar con la vida de algunos con el fin de garantizar el bienestar de los supervivientes.

Postulados de la ética humanista:

-Proclama la dignidad intangible de toda vida humana desde su concepción hasta su muerte.

-Todas las vidas humanas, en todos sus momentos, están dotadas de una dignidad intrínseca, objetiva, poseída por igual por todos.

-Los derechos humanos de naturaleza ontológica son previos al estado y a la Sociedad, y deben ser siempre respetados por si mismos.


Argumento democrático:

-Si en nombre del Estado pluralista y laico se aceptara la legalización de la eutanasia, al plasmar en un texto legal –cuya vocación es estructurar los comportamientos- el principio de la identidad entre dignidad y calidad de vida, se impondría a la totalidad el criterio de los que así piensan. Iría en contra de la visión cristiana, pero también en contra de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

-Legalizar la eutanasia no supone una actitud neutral del Estado, ya que asume una ideología concreta, incompatible con todos aquellos que consideran a todos los hombres iguales en su dignidad y derechos y que es la propia vida humana la que fundamenta su dignidad. La Ley establece los valores que se pretenden promover en una sociedad.

-La Ley, remitiendo a cada uno a su propia autonomía, no es éticamente neutral, sino que adopta una concreta posición ética. Sostener que la vida humana fundamenta la dignidad no es menos neutro que decir que la dignidad fundamenta la vida humana, y viceversa.

-No basta argumentar que el Derecho debe reconocer los hechos sociales. El derecho no especifica lo que es, sino lo que debe ser. No porque se vendan top manta se anula la legislación sobre propiedad industrial, ni se suprime el límite de velocidad porque no se respete.

-Las encuestas que se invocan son falsas. Los especialistas han demostrado que resulta imposible conocer la opinión de la población sobre comportamientos hasta ahora prohibidos. Los malentendidos, falseamientos y equívocos lo impiden.

-Para que la convivencia sea posible, el Estado precisa un mínimo de verdad y de conocimiento del bien que no se pueda someter a manipulación.

-El Estado no puede legislar contra el derecho a la vida, porque es previo al propio Estado. El Estado no puede legislar contra los derechos humanos.

Plano inclinado:

-Pretender aprobar la eutanasia en base a casos límites incurre en el llamado efecto macedonio de la sociología jurídica. No se puede extraer una regla general de un caso excepcional o marginal. Esos casos límite tienen mecanismos en los tribunales para su análisis (estado de necesidad, falta de intención de matar etc).

-La aceptación de la teoría de que es la dignidad accidental, y no la esencial, en la que se apoyan los derechos humanos, y de la irrestricta autonomía personal, conduce inevitablemente a la aceptación del aborto libre, la eugenesia, la clonación, y el derecho al suicidio.

- La decadencia ética tras la legalización de la eutanasia sigue cuatro fases: primero es la aplicación rígida y restrictiva de la ley; la segunda es el período de habituación; la tercera es cuando médicos y enfermeras, fascinados por ideales de justicia y eficiencia, se convierten en mandatarios subjetivos de los pacientes incapaces y terminales; la cuarta es la eutanasia involuntaria. Esta es la experiencia holandesa.

-En Holanda, los médicos no declaran ni la mitad de las eutanasias que practican. De las que declaran (unas 18.000/año), en el 40% no hay consentimiento del paciente por conciencia debilitada, tomando la decisión los médicos y/o los familiares. En el 10% no se llega ni a consultar al paciente, pudiendo hacerlo, por razones paternalistas; los médicos ponen fin a su vida sin advertírselo.

-La legalización de la eutanasia embotará nuestra percepción de las responsabilidades con los enfermos, que en buena parte viene condicionada por la referencia social.

-Se empieza con la lástima piadosa por el que sufre y, poco a poco, se llega a quitar de en medio a la abuelita porque su cama le vendría bien a uno de los pequeños, harto de dormir en la habitación de sus hermanos. Con la vida, ni una sola ligereza. (Martin Ferran, Prensa Española, 30 Nov. 2000).

-La pena de muerte no es más que una eutanasia judicial. Hay también una eutanasia eugenésica, una eutanasia económica, una eutanasia selectiva, una eutanasia de limpieza étnica...


Manipulación/Supuesto progreso ético:

-La experiencia demuestra que para lograr el cambio de la mentalidad social, es preciso engañar, confundir y manipular no sólo las ideas, sino también el lenguaje y los sentimientos.

-Se pretende presentar eutanasia como única alternativa al dolor intratable y al ensañamiento terapéutico, para que los que se oponen a éstos se crean favorables a aquella.

-Se consigue que la eutanasia o el aborto no sean percibidos como males tolerados a los que resignarse, sino que se presentan como un bien; más aún, como una exigencia moral: cualquier medio es válido con tal de aliviar el sufrimiento (no importa que el precio sea una vida humana). El fin justifica los medios.


Impacto sobre los médicos:

-Los Códigos Deontológicos médicos de 39 países examinados coinciden sin excepción en condenar la eutanasia, a pesar de insertarse en sociedades de distintas axiologías y tradiciones culturales. También condenada por la Asociación Médica Mundial. El respeto a la vida terminal pertenece al mínimo ético que define el núcleo de la profesión médica.

-La eutanasia es inaceptable desde todos los puntos de vista, pero es especialmente perverso que se les encomiende a los médicos, ya que un principio fundamental de su código Juramento Hipocrático es no dañar –primun non nocere ( y por supuesto, no matar)- a los pacientes. Un médico canadiense, profesor de Bioética, ha sugerido que se conceda a los filósofos, en lugar de a los médicos, la facultad de “eutanasiar”.

-El medico que ha obrado una eutanasia puede pensar que ha matado a un paciente o que ha obrado con rectitud. Esto último le será más fácil, por razones sicológicas y presión social. A partir de ahí, cada día podrá ver con más facilidad en el rostro de sus pacientes un candidato para beneficiarse de su eficaz solución.

-La eutanasia es válida en veterinaria (“muerto el perro muerto la rabia”) (como en las vacas locas se sacrifica a los animales enfermos) pero no en medicina: no es válido matar al enfermo para erradicar la enfermedad o garantizar la salud o la calidad de vida de los supervivientes. No se puede curar al enfermo a base de matarlo.

-La ley sagrada de la medicina siempre fue ésta: a mayor debilidad del paciente, mayor respeto del médico. El enfermo comatoso, merece mayor atención, precisamente por su mayor fragilidad.

-Los moribundos deben saber que para sus médicos ellos nunca pierden su dignidad humana y que continúan en posesión de todo su valor y estima. Sólo a los perros viejos, enfermos o abandonados se les pone una inyección letal porque su vida ya no vale nada.

-La generalización de la eutanasia privaría a muchas gentes de los beneficios de la medicina paliativa, y su progreso se resentiría.

-El papel de los médicos es valorar la eficacia y proporcionalidad de los medios paliativos de que disponen, no juzgar el valor de las vidas que les son confiadas. De lo contrario la medicina se convierte en instrumento de la ingeniería social.

-En Holanda la desconfianza de los ancianos hacia los médicos y hospitales se ha convertido en un fenómeno muy extendido, provocando un creciente abandono médico de la población geriátrica. Saben que muchos han incluido la eutanasia como una opción terapéutica muy eficaz. La eutanasia destruye la medicina.


Derecho sobre la vida/autonomía personal:

-La propiedad de un hombre su vida no es como la propiedad patrimonial. Mi cuerpo y mi vida son de propiedad sólo en el sentido restringido de que no son de ningún otro hombre ni de la sociedad. En el sentido más hondo, mi vida no es de nadie, ni siquiera mía. Es un derecho de usufructo, y es un derecho inalienable: un hombre no puede transferir ese título vendiéndose como esclavo.

-El derecho a la vida pertenece a los llamados derechos personales, cualitativamente diferentes de los llamados derechos obligacionales, que son de naturaleza patrimonial.

-El derecho a la vida no puede plantearse sin su correlato: el deber de vivir.

-La reivindicación de la eutanasia como un derecho supone añadir al derecho a la vida un supuesto derecho sobre la vida.

-Cuando hablamos del derecho a la vida, deberíamos decir derecho a que nadie atente contra nuestra vida o nos la arrebate. Cuando hablamos de derecho a una vida digna, deberíamos entender derecho a que nadie atente contra nuestra integridad física, sicológica y moral o nos someta a unas condiciones de vida indigna. Derecho a una muerte digna significa, igualmente, derecho a ser atendidos y cuidados como personas humanas en el momento de la última agonía. Como cuando hablamos de derecho a la salud, nos referimos al derecho a ser convenientemente atendidos en caso de enfermedad, ya que salud no puede plantearse como un derecho por razones obvias.

- La tesis es la siguiente: la legalización de la eutanasia se impone, porque la elección del momento y forma de muerte pertenece a la autonomía personal, que debe ser respetada por un Estado pluralista donde nadie puede imponer a otro sus propias convicciones.

-En el caso Dianne Pretty el Tribunal Europeo de Derechos Humanos confirmó que no existe un derecho a procurarse la muerte, “ya sea de manos de un tercero o con asistencia de las autoridades públicas”.

-La afirmación del derecho sobre la propia vida conduce inevitablemente al derecho al suicidio. No es posible restringirlo a casos de grave enfermedad, porque hay otras muchas fuentes de sufrimiento o circunstancias contrarias a la calidad de vida. El único que puede juzgar si una vida merece o no ser vivida es uno mismo.

-Se pide el consentimiento del interesado porque sólo uno puede juzgar si su vida le merece la pena o no vivirse. Es inconsecuente que se necesite aval médico, del Estado o de la Justicia. Y si son esas instancias las que pueden juzgar si una vida es digna o no, entonces qué importa lo que juzgue el individuo, o qué presión soportará si su juicio subjetivo no coincide con el juicio social.

-En el caso Sanpedro los partidarios de la eutanasia lamentaron que se negara el derecho autónomo a morir. Días antes, la policía evito en Tenerife el suicidio de 32 personas alemanas de una secta. Entonces se encomió como éxito policial, presentándose a los protagonistas como seres engañados por una sicóloga extravagante. Ello demuestra que no es solamente el supuesto derecho de autonomía humana lo que se reclama, sino también implícitamente un juicio de que hay vidas que no merecen ser vividas, que carecen de dignidad.

- No es verdad que la petición de eutanasia sea asunto de mera incumbencia personal, puesto que afectará al vínculo social. La intervención de la ley está justificada para: proteger a todos los enfermos de la sociedad; proteger la integridad moral de la profesión médica y proteger a los débiles frente a eutanasias no solicitadas.

-Legalizar la eutanasia afecta a los fundamentos mismos de la sociedad y el Derecho, y por tanto a todos los ciudadanos, y no sólo al que se acoge a ella.

-Si elegir momento y forma de morir fuera un derecho y bastara para justificar la eutanasia, no habría razón para subordinarlo a otras condiciones (enfermedad incurable terminal y practicada por un médico).

-Paradoja: la afirmación de la autonomía y el respeto a esa supuesta autonomía, consiste precisamente en la supresión de la autonomía con la eutanasia.


Dignidad esencial:

-La dignidad es un concepto simple e irreductible, y por tanto difícil de entender. Siempre reservado a las personas, significa valor intrínseco, no dependiente de factores externos; se refiere a la idea de preminencia, e implica una actitud de veneración y respeto absoluto.

-La dignidad ontológica del hombre radica en su condición de criatura única e irrepetible, insustituible, dotado de intimidad, inteligencia, voluntad y libertad. Porque es objetiva y previa, el ordenamiento jurídico debe respetar su carácter de inviolable.

-Homo sacra res homini, el hombre es cosa sagrada para el hombre, escribió Séneca.

-La dignidad ontológica de las personas humanas se desprende del mero hecho de ser lo que somos: seres humanos. Esta dignidad es la misma para todos, en todos los momentos y circunstancias de nuestra vida, no podemos ni perderla ni ganarla, incrementarla o disminuirla, y por supuesto no está sujeta a las condiciones o calidad de vida. Es inalienable, intrínseca, universal, inmune a los reveses de la vida, refractaria al proceso de morir.

-No es la dignidad la que fundamenta la vida humana, sino la vida humana la que fundamenta la dignidad.

-La dignidad humana es invariable: no se disminuye a causa de la enfermedad, el sufrimiento, la malformación o la demencia. Es más, la gran dignidad del hombre puede confirmarse aún más en el sufrimiento. La dignidad del hombre es resistente a la degradación ontológica.

-No podemos hablar de vida digna sin más, puesto que todas las vidas humanas lo son igualmente. De lo que si podemos hablar es de unas condiciones de vida que pueden ser más o menos acordes con esa dignidad y los derechos de la persona.


Piedra angular del Derecho y la civilización:

-El Derecho y los valores occidentales han descansado sobre la atribución de una elevadísima dignidad a la persona humana y sobre el presupuesto de que todas las personas son iguales en dignidad y derechos por el mero hecho de ser seres humanos.

-El Preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclama que “todos los hombres nacen libres e iguales en dignidad y derechos” y que cada uno puede invocarlos “sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición” (art. 2).

-La cultura de la muerte causará estragos en Occidente. Pero acabará por autodestruirse, porque la cultura de la vida surge con fuerza allí donde la vida misma está más amenazada, mientras que la cultura de la muerte surge donde hay bienestar y calma.

-La comprensión de la dignidad sagrada de todo hombre concedió una inmensa superioridad moral a la legislación mosaica, cuando se la compara con otras legislaciones de la antigüedad. Lo distintivo de ella es que ya no era posible marcar como indignos a los débiles, pobres y tullidos, a las viudas o a los huérfanos.

-La dignidad humana nunca fue en la antigüedad clásica un atributo humano universal. La dignidad no era intrínseca como tampoco los derechos humanos.


Dignidad accidental como fundamento del derecho a la vida

-La mentalidad eutanásica niega que la dignidad de la vida humana resida en el mero hecho de ser, sino que equipara la dignidad de la persona humana a la calidad de vida o el bienestar (es decir, a la dignidad de las condiciones de vida), de forma que ni todos son igualmente dignos ni la dignidad de la persona sería la misma a lo largo de toda su vida. Bajo este prisma, hablar de vida digna tiene un significado distinto a las condiciones de vida más o menos acordes con la dignidad de la persona.

-Se establece un nivel de calidad para separar vidas satisfactoriamente dignas (seres humanos-vidas humanas con dignidad) de otras insuficientemente dignas (seres humanos-vidas sin valor). El error de fondo es identificar la dignidad de las condiciones de vida con la dignidad de la persona humana (aparente matiz).

-Para esta concepción, es la dignidad (es decir la calidad de vida) lo que fundamentaría la vida humana, y no la vida humana el fundamento de la dignidad.

-El corolario inverso del supuesto derecho a una vida digna, entendido a su manera, se plantea como el derecho de todo hombre a no vivir una vida indigna. Si lo que hay que garantizar es la vida digna para todos, entonces hay que aplicarse a la tarea; pero si, planteado al revés, lo que hay que garantizar es el derecho a no vivir en condiciones indignas, entonces la eutanasia es la solución. Es como proclamar, la vida humana o será digna o no será.

-Se vuelve al mundo antiguo pagano, en el que la plenitud física era elemento esencial de la aristocrática dignidad humana, de la que carecían los enfermos crónicos, los tullidos o los deformes, que eran tenidos por indignos y su muerte era propiciada por el abandono.

-Contradicción: la eutanasia no vulneraría el derecho fundamental a la vida, puesto que se trata de vidas humanas sin dignidad. Si es así, tampoco podrían plantear el derecho a morir con dignidad (eutanasia) como un derecho, porque si son vidas sin dignidad también lo son sin derechos.


Sesgo elitista:

-La falta de sentido al dolor y el sufrimiento propio de la ética utilitarista y hedonista, que rinde culto a la eficiencia y el bienestar, les hace sentir un disgusto instintivo ante la enfermedad incapacitante o ante la proximidad de la muerte. La vida físicamente disminuida les provoca una instintiva reacción de huida. Prefieren ignorarla o extinguirla. Es el fondo nietzschesiano del superhombre: ayudar a los débiles y mermados es propio de la moral de esclavos.

-Para esta mentalidad, los enemigos de la dignidad –identificada con calidad de vida- son el sufrimiento moral, el dolor físico, la incapacidad para valerse a así mismo y la pérdida de autocontrol. El derecho a morir con dignidad se invoca como un derecho a evitar que la prestancia humana sea socavada y arruinada por la miseria física o emocional. En el fondo es una actitud estética y de imagen de uno mismo, que nada tiene que ver con la dignidad ontológica. Su reivindicación de la eutanasia lo es más bien del derecho al suicidio en un plano de completa autonomía personal. Es el suicidio de la modelo que se niega a envejecer, del galán que no acepta dejar de ser joven, del intelectual orgulloso que se resiste a su decadencia.

-En la moderna tiranía del bienestar y la calidad de vida, cuando ésta decae por debajo de un cierto umbral, deja de ser un bien altamente estimable y no merece ser vivida.

-Algunas encuestas en EEUU han demostrado estrecha correlación entre clase social y grado de autoestima por un lado y activismo pro eutanasia por otro. En comparación con la población general, por contra, la eutanasia es menos aceptada entre los afectados por discapacidades, los ancianos, los pobres y los afroamericanos.

- Se presenta el derecho a morir con dignidad como una expresión del dominio absoluto de uno sobre su propia vida, o como un signo de decoro personal. El enemigo ya no es el dolor insufrible, sino la pérdida de autosuficiencia, de imagen ante los otros, hasta entonces prestigiosa y estética. El derecho a morir se presenta así como coronación del progreso ético, propio de personas distinguidas, clarividentes y de ideas avanzadas, que forman una élite liberada de prejuicios y supersticiones. Es el suicidio de Petronio.

-Leo Alexander estudió la eutanasia nazi y advirtió que todo empezó con un sutil viraje en la actitud básica del médico hacia la idea de que existe vida que no es digna de ser vivida. La eugenesia representa una tentación permanente para los espíritus científicos.


Enjuiciamiento del valor de la vida:

- La decisión de practicar la eutanasia no se apoya nunca en la única voluntad del enfermo, sino que es siempre el resultado de un juicio de valor sobre la calidad de vida. Si fuera una joven sana de veinte años presa de la angustia la que nos solicitáramos que la ayudáramos a morir, ¿lo haríamos? ¿Por qué en este caso nos importa tan poco respetar la autonomía de las personas?


Condiciones para la legalización de la eutanasia:

-Los requisitos que suelen exigirse son:

Consentimiento

Dolor insufrible

Incurabilidad

Dictamen médico favorable

Móvil compasivo del sujeto agente.


Deseo de morir:

-El deseo de morir de los pacientes terminales o los moribundos no constituye ningun derecho legal a morir a manos de otra persona.

-Tomar demasiado en consideración el deseo expresado por un moribundo que, preso de la angustia, el sufrimiento y los sufrimientos dice desear morir, considerándola una decisión libre, es como si aceptáramos como libre la decisión de suicidarse de un depresivo.

-Los sicólogos saben que tras la expresión del deseo de morir hay casi siempre una petición de afecto, solicitud y cuidado. Responder con la eutanasia sería dar la peor de las respuestas a una petición mal formulada. Este es el problema: la medicina paliativa domina la técnica, pero pocas veces sabemos ayudar a morir.

-Buscar la forma de humanizar el cuidado del enfermo terminal sería mucho más valiosa que recurrir a matarlo.

-Las sociedades hedonistas consideran la muerte como algo sin sentido, y son igualmente incapaces de captar el sentido de la vida cuando aparecen el sufrimiento y el dolor. Para resolverlo recurren a su anticipación indolora. Está descrito en las novelas de anticipación. Es el Mundo Feliz de Huxley.

Morir con dignidad:

-Pretender prolongar a toda costa la vida humana es negar la verdad de la mortalidad humana, y por ello actuar contra la dignidad del hombre.

-Dar muerte a la vida de un hombre, incluso enfermo terminal, es decir que la vida de ese hombre ha perdido todo significado y valor. Paradoja con el culto a Ramón Sanpedro.

-La enfermedad y el morir pueden humillar, disminuir la autoestima, avergonzar e incluso crear un sentimiento de indignidad, pero no mermar la dignidad humana.

-Hay condiciones de muerte terribles, como en un calabozo o un campo de concentración, cuyas condiciones indignas sirven precisamente para que se manifieste aún más la gran dignidad de las personas que las padecen.

-El hombre no puede dejar de ser humano, y por tanto no puede perder su dignidad esencial. La dignidad esencial del hombre, fuente de sus derechos, no puede mermarse a causa de la enfermedad o el sufrimiento.

-La obstinación terapéutica es contraria a la dignidad humana. En eso estamos todos de acuerdo. Hoy es importante proteger la dignidad del morir humano frente a un tecnicismo que corre el riesgo de hacerse abusivo y deshumanizador.

-La intensa medicalización, las UVIs deshumanizadas en las que el paciente pierde su autonomía, la falta de intimidad, el apartamiento de los seres queridos, están en la raíz del deseo actual de poder morir con dignidad.

-El derecho a morir con dignidad no es el derecho a procurarse o hacerse procurar la muerte a voluntad, sino el derecho a morir en paz, consigo mismo y con los demás, a morir con serenidad.

-Los progresos de la medicina paliativa deberían haber provocado el ocaso del concepto de la eutanasia como liberación del dolor insoportable.

-Se presenta el derecho a morir con dignidad como una expresión del dominio absoluto de uno sobre su propia vida, o como un signo de decoro personal. El enemigo ya no es el dolor insufrible, sino la pérdida de autosuficiencia, de imagen ante los otros, hasta entonces prestigiosa y estética.

-Res sacra miser (El miserable es cosa sagrada). En esta sentencia clásica se encuentra el fundamento ético de la asistencia al enfermo terminal. Nadie lo entendió mejor que Teresa de Calcuta. Por eso debería ser patrona de la muerte con dignidad.

-La eutanasia lenitiva es moralmente lícita, respetando un criterio de prudencia y proporcionalidad y sin que exista efecto deseado de acortar la vida del paciente. La intención es lo que diferencia la medicina paliativa de la eutanasia.

-El derecho a una muerte digna –que da nombre a una determinada asociación- no puede usarse como eufemismo para designar un supuesto derecho al homicidio consentido o al suicidio asistido.

-El verdadero derecho a una muerte digna consiste en el derecho a un dialogo abierto y relación de confianza con el equipo médico; el respeto a su libertad de conciencia; el derecho a saber la verdad sobre su estado; el derecho a que los analgésicos le eliminen proporcionadamente su dolor; el derecho a consentir en los tratamientos médico-quirúrgicos; el derecho a rechazar los remedios excepcionales o desproporcionados.

- En el plano de la dignidad accidental, no ontológica, ¿no está sobre todo en la forma como afrontamos la muerte? ¿no hay más dignidad en quien asume serenamente su muerte sirviéndose de sus propios recursos morales –haciendo gala de su verdadera autonomía- que en aquél que pide acaben con su vida por ser incapaz de afrontar su propia periclitud?

- “El motor de la eutanasia es el gran temor a no soportar el sufrimiento, el miedo a quedar abandonado, a ser una carga; pero la eutanasia activa no es la única respuesta posible. Tenemos que aprender que existen muchas posibilidades de atender a los moribundos. Lo más importante es no dejarles solos” (Johannes Rau, socialista, presidente de la Rep. Alemana).


Justificado temor de los más débiles:

-Si hay vidas que se juzgan indignas, los enfermizos, deficientes, discapacitados, dementes, o juzgados por cualquier causa inútiles, se verán como seres humanos cuya eliminación está legitimada.

-La generalización de la eutanasia fortalecerá la percepción de que una vida con limitaciones y padecimientos no merece ser vivida, lo que favorecerá la multiplicación de eutanasias consentidas y no consentidas (la vida mermada de pacientes o familiares carece de valor), así como de suicidios.

- ¿Matamos a todos los enfermos demenciados por el Alzheimer? Podrían establecerse categorías enteras de enfermos o situaciones en que la vida no merece ser vivida y no puede haber consentimiento, por tanto, el estado podría dictar directamente su eliminación.

-Se puede crear una presión social sobre los enfermos crónicos, terminales, discapacitados etc. a sentirse culpable por no solicitar la eutanasia y aliviar de ese modo a los familiares o institución que tiene que hacerse cargo de él (y pagarlo). Este argumento debería ser suficiente para no despenalizar la eutanasia.

- “Cuando seguir viviendo se reduce sólo a una entre dos opciones legales, todo aquél que imponga a otro la carga de su supervivencia estará obligado a rendir cuentas, a justificarse” (Johannes Rau, socialista, presidente de la República Alemana). Hay que pedir perdón porque uno es una carga.

- Para que la eutanasia fuera aplicable, habría que definir primero que vidas no merecen la pena ser vividas. Y parece que aquellos cuyas vidas parecen valer menos son las de las personas más dependientes de nuestra sociedad utilitarista. La posibilidad de decidir en su nombre es un riesgo jurídico inasumible.


Ética utilitarista/hedonista:

-La cultura de la sublimación del éxito, la autonomía, la autoafirmación, la imposición continua de la propia voluntad, y la satisfacción inmediata de todos los deseos, de los cuerpos bellos y del bienestar y la calidad de vida como valores supremos, conduce a la eugenesia, la xenofobia, el aborto, el divorcio, la eutanasia, y el suicidio.

-La ética hedonista actual no tolera la imperfección, ni el sufrimiento, ni el dolor, ni la contrariedad, de modo que opta por erradicarlas a toda costa, incluso al precio de eliminar a las personas que sufren o nos hacen sufrir a causa de sus limitaciones. Es el egoísmo hedonista de los supervivientes.

-Los enfermos terminales, tarados etc. son cargas sociales. La mentalidad utilitarista lleva a disminuir el apoyo a la fase declinante de la vida.


En definitiva, la aprobación de la eutanasia es un paso más en una determinada concepción ética cuyas consecuencias no se pararán en el invocado derecho a morir sin sufrimiento. La tiranía y la disolución del concepto de dignidad de la persona son sus últimos horizontes. Se empieza relativizando el valor de la vida humana, y se acaba el genocidio nazi.

Convendría meditarlo antes de seguir progresando hacia atrás.

MUSEO CARLISTA DE MADRID.-

Colección J. Urcelay

Reservados los derechos. Museo Carlista de Madrid.- Colección J. Urcelay