• Museo Carlista de Madrid

Recuerdo de Ricardo Revuelta, carlista vizcaíno en la cárcel de la República

Actualizado: 24 feb


Recuerdos de Ricardo Revuelta incorporados a los fondos del Museo carlista de Madrid


Dentro de la continua ampliación de sus fondos que viene llevando a cabo el Museo Carlista de Madrid, se han incorporado recientemente dos valiosos recuerdos históricos relacionados con el carlista vizcaíno Ricardo Revuelta, cuya memoria podemos así recuperar.

El primero de los recuerdos es una imagen de latón de la Virgen del Pilar sobre la tradicional columna, de unos 47 centímetros de altura, en la que aparecen sendas placas metálicas con dos inscripciones: en la primera de ellas, situada en la columna, se lee: " Los Caballeros del Pilar de Bilbao, al asociado Don Ricardo Revuelta ". En la segunda, fijada en la base, se puede leer: “Bienaventurados a los que padecen persecución por la justicia”, y dos fechas 17-1-1932 y 18-3-1932.



El segundo de los objetos es una fotografía enmarcada del rey carlista D. Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este con su esposa María de las Nieves de Braganza firmada por ambos el 6 de abril de 1932 y dedicada al mismo Ricardo Revuelta con el siguiente texto: “Recuerdo cariñoso a Don Ricardo Revuelta en su persecución por los santos ideales”.



Pero, ¿quién era Ricardo Revuelta, qué eran o son los Caballeros del Pilar y qué llevó a los entonces representantes de la dinastía carlista a escribir tal dedicatoria?

La Segunda República se proclamó el 14 de abril de 1931. Ya desde sus primeros días, su andadura estuvo caracterizada por el sectarismo legislativo, la violencia política y la profunda perturbación del orden social, cuya primera gran manifestación fue la quema de conventos en mayo de 1931, apenas un mes después de su proclamación. En toda España se sucedían las noticias de enfrentamientos civiles, provocaciones por parte de las masas revolucionarias, amedrentamientos y desórdenes públicos.

El 17 de enero de 1933 los tradicionalistas celebraron un multitudinario mitin en el frontón Euskalduna de Bilbao, en el que se congregaron cerca de 10.000 asistentes, y cuyos oradores fueron los diputados Joaquín Beunza y Marcelino Oreja Elósegui, y la conocida margarita María Rosa Urraca Pastor.


Edificio del frontón Euskalduna en el que se celebró el mitin tradicionalista


Aspecto de un mitin tradicionalista celebrado en el frontón Euskalduna, en este caso en 1933



Tribuna de oradores en el mitin de 17 de enero de 1932 en el frontón Euskalduna, al que acudieron 10.000 tradicionalistas de las provincias vascongadas


Los oradores del mitin, antes del comienzo del mismo


De izda a drcha, María Rosa Urraca, Marcelino Oreja y Joaquín Beunza durante sus intervenciones en el mitin tradicionalista del frontón Euskalduna del 17 de enero de 1832


La convocatoria dio lugar a que en torno al edificio donde se celebraba el mitin se congregara, tanto a la entrada al acto como a la salida del mismo, una multitud de signo izquierdista, que pretendió amedrentar a la concurrencia cantando la Internacional y profiriendo gritos y amenazas contra los asistentes.

Como el intento de reventar el acto y la provocación no había dado el resultado apetecido, la agitada masa de republicanos y socialistas, flanqueando a los que salían del acto, se dirigió por la calle Bidebarrieta gritando sus consignas y profiriendo todo tipo de amenazas y silbidos frente a los locales de la Juventud Vasca. Irrumpieron después en el Centro de Acción Católica, que desvalijaron y quemaron su mobiliario, y se dirigieron más tarde a la Sociedad de “La Lealtad Tradicionalista” de la calle Ribera, a aquella hora llena de socios, a la que pusieron cerco con el propósito de linchar a la salida a cuantos se encontraban en ella. Las amenazas de la turba eran contestadas por los tradicionalistas desde los balcones del Círculo. Los enfrentamientos y cargas a cargo de las fuerzas de orden público que se produjeron fueron acompañados de algunos disparos, que tuvieron como consecuencia la muerte de tres socialistas y otras tres personas heridas, uno de ellos miembro de las fuerzas del orden.

La multitud desatada quemó el coche que creían de Joaquín Beunza, uno de los oradores del mitin, y se lo arrojaron a la ría.


Aspecto con el que quedó el coche arrojado a la ría


El Círculo tuvo que ser acordonado para evitar su asalto, y las fuerzas de seguridad y guardias civiles detuvieron a veintinueve personas que se hallaban en sus salones, que no pudieron ser sacados del edificio hasta pasadas las diez de la noche.

Además de las detenciones practicadas en el Círculo Tradicionalista, fueron detenidos posteriormente en sus domicilios los miembros de su Directiva, formada por José Padilla, Cándido Urbano, Ricardo Revuelta, Enrique Azpitarte y Mariano Urbano Díaz, que fueron encerrados en la cárcel de Larrinaga[ii]. Según el Heraldo de Madrid, en el registro del Círculo la policía encontró hasta siete pistolas, “por cierto iguales a las que se encontraron hace poco con motivo de unas detenciones que hizo también la policía en el Círculo Tradicionalista por dar vivas al ex rey”[i].

También fueron detenidas las personas que se hallaban custodiando la iglesia de los Padres Jesuitas para evitar su asalto: Antonio María Uribe, Regino Bierna, José Luís Aranda, Francisco Cumbert, Federico Juaníe y Alberto Alonso[iii].


Las fuerzas izquierdistas proclamaron la huelga general en toda la ciudad, que produjo su completa paralización. Esa noche, la ciudad vivió un clima abiertamente revolucionario, recorrida por grupos de agitadores, sobresaltada por explosiones y con los izquierdistas enseñoreados de la calle. La sede del diario católico La Gaceta del Norte y al Convento de las Hijas de María Reparadora fueron rodeados con intención de asaltarlos y se libraron por poco de ser incendiados, resultando herido el conserje del periódico y varias personas más, y causándose destrozos en ambos edificios.

En la madrugada, grupos comunistas se dirigieron en manifestación sobre la audiencia portando banderas rojas y exigiendo la liberación de sus camaradas, dirigiéndose posteriormente sobre la cárcel, que estaba ya fuertemente custodiada por las fuerzas de seguridad, y ante la que se repitieron los tumultos, marchando después por el centro de la ciudad hacia el Gobierno civil dando gritos de muera a la Guardia Civil, hasta ser disueltos horas después.


Imágenes de los "sucesos de Bilbao" de los días 17 y 18 de enero de 1932 publicadas por la prensa


Ese mismo lunes día 18, con la ciudad completamente paralizada por la huelga, se celebró el entierro de las víctimas y los revolucionarios celebraron en Santurce una concentración multitudinaria al aire libre para protestar contra los sucesos del día anterior. El acto de protesta comenzaba a las 16h y estaba previsto que tomaran la palabra el concejal del Ayuntamiento de Santurce Valentín García Díez por los republicanos, Felipe Pereiro por el Partido Comunista, Saturnino Aransáez Aransáez por la C.N.T. y Tomas Sánchez Cámara por el Centro de Sociedades Obreras de la U.G.T. El mitin se desarrollaba sin incidentes cuando, al comenzar su discurso el representante de la C.N.T., se escucharon varios disparos. Se produjo un gran alboroto. Los asistentes a la asamblea, unos 4.000 según las fuentes, empezaron a dispersarse sin orden ni concierto. Los disparos se supusieron provenientes de un ex capitán, recientemente retirado, llamado Alfredo Ferry (o Ferri o Berri, según las diferentes fuentes) Calpe, capitán de infantería retirado que perteneció al cuerpo de guardia del fuerte del monte Serantes. En aquellos momentos trabajaba de inspector en la Compañía del Tranvía Eléctrico Bilbao-Santurce, y era de ideas tradicionalistas. Nada más disparar huyó, perseguido por numerosos asistentes al mitin. Se refugió en su domicilio, en el tercer piso del número 14 de la avenida Murrieta, que sus perseguidores pretendieron prender fuego, hasta que desistieron al darse cuenta del riesgo que correría el vecindario.

El incidente fue seguido de un tiroteo, en el que tomaron también parte algunos elementos nacionalistas, produciéndose gran confusión en la muchedumbre, con gritos y carreras. Resultaron heridos levemente un joven socialista y otra persona, sin filiación política conocida, que asistían al mitin.

Enfurecida la turba, otros grupos de demócratas -así les llama la crónica periodística que seguimos- se dirigieron con bidones de gasolina a la iglesia parroquial de San Jorge y la prendieron fuego, dejando que fuera completamente consumida por las llamas. Impedido en Baracaldo por parte de los revolucionarios el paso del coche de bomberos enviado por el Ayuntamiento, fueron los elementos reaccionarios -como les denomina la misma crónica- los que con una única manguera que les facilitó el Ayuntamiento iniciaron la extinción del fuego. Las fuerzas de orden público enviadas por el Ayuntamiento “no tuvieron por fortuna que intervenir, limitándose a hacer circular a la gente”[iv].

Quedó totalmente carbonizado el altar mayor, instalado en 1887, compuesto de varios cuerpos, el central, dedicado a la Virgen del Carmen y los otros a San Jorge, a la Milagrosa y al Sagrado Corazón de Jesús (a la izquierda), estas dos últimas imágenes adquiridas por suscripción popular entre las familias de los pescadores.


Iglesia parroquial de Santurce quemada por las turbas, y estado en el que quedó el interior del templo


Los sucesos de los días 17 y 18 dieron lugar a la detención de 55 tradicionalistas -de los que 43 fueron liberados el día 25-, miembros del partido monárquico y de los Luises, se impusieron multas y se cerró definitivamente el Círculo Tradicionalista de Bilbao imponiendo a la directiva multa de 10.000 pesetas.

También fue detenido el excapitán Ferri y puesto a disposición de la autoridad judicial, aunque según la crónica periodística “parece ser que la intervención que se daba a los hechos a un capitán retirado no ha sido tan intensa como se dijo en los primeros momentos”. El 18 de febrero el ex capitán Ferri abandonó la prisión en libertad condicional a la espera de juicio bajo fianza de 5.000 pesetas.

Los carlistas, como expusieron en sus periódicos, consideraron que la quema de la iglesia obedecía a un plan trazado de antemano, y que ya se había intentado el día anterior. Los disparos efectuados por el ex capitán Ferri se realizaron al aire como protesta por las palabras de los oradores, y los heridos lo fueron a causa del tiroteo posterior desencadenado por las turbas fuertemente armadas.

El Gobernador civil ordenó la clausura del convento de las Madres Reparadoras, incendiado también en parte por las turbas, “por tenencia ilícita de armas y por disparos desde el interior”, e impuso una multa al colegio de Religiosas del Sagrado Corazón, también por “tenencia ilícita de armas”, según un registro del mismo llevado a cabo por el general Villa Abrille, empeñado en demostrar que los conventos eran guaridas de los reaccionarios.

Por su parte, el ministro de la Gobernación, Casares Quiroga, ordenó detener a José María de Urquijo, a quien consideró estar detrás de todo, y señaló también como responsable al diputado tradicionalista Marcelino Oreja Elosegui, del que dijo que “si no hubiera sido por su inmunidad parlamentaria, le hubiera deportado a Fernando Poo”[v].


Los “sucesos de Bilbao”, como se conoció a aquellos acontecimientos de enero de 1932, fueron sólo uno de los episodios que más tarde se repetirían tantas veces en la siniestra historia de una República que acabaría conduciendo a una guerra civil.

El furor marxista se concentró contra los católicos, y contra los tradicionalistas que defendían el orden social y que se opusieron al odio anticristiano.

Ricardo Revuelta, miembro de la Junta Directiva del Círculo Tradicionalista de Bilbao, pagó con la cárcel su lealtad a la Causa y su oposición a quienes pretendían la revolución comunista.

Era miembro de la sección bilbaína de la Congregación de los Caballeros de la Virgen del Pilar, fundada el 2 de febrero de 1928 para proteger a la Virgen y difundir su culto y devoción.

Los orígenes de la Congregación se remontan a 1901. En una de las frecuentes revueltas que se producían en las calles de Zaragoza por aquellos años, un grupo de revolucionarios se dirigió a la basílica del Pilar con la intención de destrozar el templo. En ese momento, en el interior del Pilar sólo había mujeres y sacerdotes. Al enterarse de lo que se les venía encima, las mujeres cerraron las puertas y se hicieron fuertes en el interior de la iglesia. A las amenazas de los atacantes respondieron que, para tocar a la Virgen, tendrían que pasar antes por encima de sus cadáveres. Los amotinados no lograron franquear la puerta y terminaron disolviéndose. Como recompensa por su valor, las autoridades eclesiásticas les concedieron el título de Damas de la Virgen del Pilar.

Unos años más tarde, en 1928, nacía oficialmente la correspondiente asociación de Caballeros, después de varios meses de organización y suma de afiliados.

El ejemplo zaragozano caló en la conciencia católica del resto de España. Cuando la Asociación no había cumplido aún dos meses de vida, llegaron peticiones de asesoría para establecer las Asociaciones de Caballeros de Nuestra Señora del Pilar en Teruel, Bilbao y Logroño como primeras Secciones Filiales.

Ricardo Revuelta se integró en la sección bilbaína, de la que fue uno de los miembros más entusiastas y comprometidos.

Medalla de la Congregación de Caballeros del Pilar


El 18 de marzo de 1932, tras dos meses de encarcelamiento, Ricardo Revuelta fue liberado junto a los últimos de sus compañeros de la Junta Directiva del Círculo Tradicionalista que permanecían presos. La Gaceta del Norte publicó la noticia, que fue recogida el día 22 por el periódico tradicionalista El Cruzado Español:

Tras hablar con el gobernador civil de Vizcaya, Sr. Calviño, el ministro de la Gobernación, Casares Quiroga, “dispuso que fueran puestos en libertad los cuatro señores de la Junta Directiva del Círculo Tradicionalista que quedaban en la cárcel por los sucesos desarrollados en la calle de la Ribera. La orden fue cumplida por la tarde. Los libertados son: don Cándido Urbano, don Ricardo Revuelta, y don José Carretié”[vi].


Pocos días después de su liberación, Ricardo Revuelta recibía el homenaje de sus compañeros de la Congregación de Caballeros del Pilar, que le obsequiaron con la imagen de la Virgen del Pilar, con las placas grabadas recuerdo de sus días de perseguido por causa de la justicia.


Imagen de la Virgen del Pilar regalo de la Congregación de Caballeros de la Virgen del Pilar a Enrique Revuelta como homenaje al ser liberado


Un homenaje al valeroso tradicionalista al que se sumaron también los propios reyes carlistas, Don Alfonso Carlos y Doña María de las Nieves, cuando tuvieron noticia de su liberación, haciéndole llegar una fotografía de ambos con la cariñosa dedicatoria en “recuerdo cariñoso en su persecución por los santos ideales”.


Fotografía dedicada por Don Alfonso Carlos y Doña María de las Nieves al dirigente carlista vizcaino


Hoy, cuando se cumplen noventa años de aquellos trágicos “sucesos de Bilbao” que hemos rememorado, la imagen de la Virgen del Pilar y la fotografía dedicada por Don Alfonso Carlos y Doña María de las Nieves incorporadas al Museo Carlista de Madrid, nos permiten mantener vivo el recuerdo un hombre, Ricardo Revuelta, que sufrió persecución y cárcel por la Santa Causa, haciéndose acreedor de la bienaventuranza proclamada por Nuestro Señor y grabada en la placa al pie de la imagen de la Virgen del Pilar: “Bienaventurados los que sufren persecución por la justicia”.




[i] Diario “Heraldo de Madrid”, 19 de enero de 1932, pág 8. [ii] Noticia que fue recogida en ABC, 31 de enero de 1932. [iii] Diario “Luz”, Madrid 18 de enero de 1832, pág. 16. [iv] Diario “Heraldo de Madrid”, 19 de enero de 1932, pág 8. [v] Arrarás, Joaquín: Historia de la Segunda República Española. Madrid: Editora Nacional, 1969. Pág 293. [vi] “El Cruzado Español”, 22 de marzo de 1932, pág.4

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