MUSEO CARLISTA DE MADRID.-

Colección J. Urcelay

Reservados los derechos. Museo Carlista de Madrid.- Colección J. Urcelay

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El sacerdote-escritor Pablo D´Ors incurre en herejía

El sacerdote y escritor Pablo D´Ors

El pasado 26 de junio de 2019, la Conferencia Episcopal Española autorizó la publicación de la nota Orientaciones doctrinales sobre la oración cristiana, preparada previamente por la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe.

La nota fue dada a conocer a los medios de comunicación en la primera semana de septiembre. En ella se aclara la verdadera naturaleza de la oración cristiana, separándola de modas modernas que la mistifican con la práctica del yoga, la meditación zen u otras formas de meditación oriental, alertando de los riesgos de inmanentismo que ello comporta.


A solo pocos días de la divulgación de las dichas “Orientaciones doctrinales”, Pablo D´Ors, firmando como “sacerdote, escritor y fundador de la red de meditadores Amigos del Desierto” publicó una Tribuna Abierta en ABC titulada El Zen me ha devuelto a Cristo que constituye una toma de posición frontal contra las dichas Orientaciones doctrinales de la Conferencia Episcopal.


He escrito en otro lugar de este blog mi admiración literaria por Pablo D´Ors, al que considero un escritor excepcional, una de las mejores plumas de la narrativa contemporánea en lengua española. Algunos de sus libros son auténticas joyas y el conjunto de su obra, toda ella de gran nivel, le consagra, a mi modesto entender, como un autor de los que figurarán en la historia de nuestra literatura.

He señalado también el conflicto que en algunas obras d´orsianas, especialmente en sus últimos títulos, parece apreciarse entre su vocación de escritor y su condición de sacerdote, con algunas páginas -por ejemplo, de su último libro Entusiasmo- que fácilmente pueden producir escándalo en almas piadosas.


El paso dado por Pablo D´Ors con la publicación de esta Tribuna Abierta tiene ahora, sin embargo, un cariz diferente: primero por lo que tiene de explícito desafío a las Orientaciones doctrinales que, en un tema de importancia como es la naturaleza de la oración cristiana, acababa de hacer pública la jerarquía española. Desafío y contestación de todo punto impropias de un sacerdote, y sorprendentes en quien afirma en su propio artículo que “buena parte del declive del Cristianismo en Occidente se debe a la pérdida de la autoridad”.

Pero segundo, y más importante, porque Pablo D´Ors se interna en su Tribuna Abierta en el terreno de la pura y simple herejía, sustentando teorías y haciendo afirmaciones incompatibles con la condición de sacerdote católico.


En su apología de la meditación zen, el sacerdote-escritor declara que la misma le ha dado el silencio, y también la idea del maestro. Sorprendente que ambas cosas hayan tenido que encontrarlas en pagos ajenos a la Fe sin haberle por lo visto inspirado ni la contemplación cristiana ni la figura del director espiritual, de amplísima tradición en la ascética cristiana.


Aún más sorprende su tercer descubrimiento en el zen: “el ritual, la importancia del espacio sagrado, del incienso, de las velas, las reverencias y postraciones…”. Comprendería que el P. D´Ors reclamara la importancia del rito y de todos sus elementos, que constituían una riqueza inmensa de la liturgia de adoración de la Iglesia y que desde hace décadas se ha tirado por la borda con iglesias que más parecen polideportivos que templos, postergando la ornamentación sagrada en la liturgia, marginando al Sagrario, sustituyendo las velas por las plantas, el órgano por la guitarra, la música sacra por insoportables composiciones adaptadas de la música pop y convirtiendo tantas veces la celebración de la Eucaristía en la asamblea de una ONG llena de horizontalismo y mediocridad. Por todo ello, nada malo en redescubrir el valor extraordinario de los rituales y los gestos, de las velas y las postraciones… pero tener que ir a encontrarlo un sacerdote católico en los rituales del budismo tiene castañas. Lo tenía mucho más fácil simplemente mirando a cómo eran las cosas en su propia Iglesia hace sólo unas décadas.


El cuarto hallazgo de D´Ors en el Zen es “la idea y la experiencia de que existe un recorrido, un itinerario para llegar al centro de ti mismo”. Tampoco aquí le dijeron nada las Moradas de Santa Teresa ni los escritos de tantos santos que describen precisamente el itinerario del alma que se acerca a Dios.


El quinto descubrimiento en el Zen entra ya en un terreno más vidrioso, pues consiste en “el no camino, es decir, que no hay que ir a ninguna parte…este no tener nada que conseguir y al tiempo aspirar a ello”. Aquí chocamos directamente con el Principio y Fundamento ignaciano, muy diferente del karma budista:

"El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su ánima; y las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es criado. De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar dellas, quanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse dellas, quanto para ello le impiden. Por lo qual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; en tal manera, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados."

El sexto hallazgo d´orsiano en el zen es verdaderamente asombroso: “el zen me ha ayudado a reencontrarme con la contemplación cristiana…me ha devuelto a mi patria religiosa”. O sea que ha tenido que irse al zen para descubrir que “existe una vía de conocimiento silencioso en el cristianismo, la de los padres y las madres del desierto”. Podemos resumir nuestro asombro diciendo que Álvaro D´Ors debería usar Google Maps para evitar rodeos y kilometraje en vano.


Hasta aquí afirmaciones sorprendentes, que uno esperaría encontrar en un joven que inicia el camino espiritual desde la ignorancia y sin guía, pero no en un sacerdote católico. Aunque, aceptemos que bien está lo que bien acaba.


La parte que, en mi modesta opinión, ya no es simplemente sorprendente, sino preocupantemente heterodoxa es la última parte del artículo, compuesto por la sexta aportación que declara haber encontrado en el zen y la conclusión final.

La sexta aportación es “descubrir a buda y el budismo, invitándome a …releer mi propia religión desde sus claves”. Es decir, que su propia religión -es sacerdote católico- no hay que releerlo desde el Evangelio, sino desde el budismo.


La conclusión no podía ser más devastadora: “Suscribo totalmente lo que en su día dijo el teólogo holandés Schillebeeckx: Hay más verdad en todas las religiones que en una sola. El cristianismo puede y debe compartir con otras tradiciones de sabiduría su experiencia de Dios y de la vida, así como aprender de ellas. Esta apertura estructural no es hoy un lujo, sino una auténtica necesidad”.

Adherirse a las doctrinas heréticas de un reconocido hereje como el mencionado teólogo holandés convierte al que lo hace en hereje. Afirmar que el Cristianismo es parcial e incompleto y necesita enriquecerse con las demás “tradiciones de sabiduría” es negar la Revelación y la Encarnación, el Antiguo y el Nuevo Testamento. Pensar así es considerar un pretencioso a Cristo cuando afirmó “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.

Y todo ello dicho por un sacerdote católico, es apartarse de la Fe de la Iglesia y, por tanto, situarse objetivamente fuera de la Iglesia. En esto consiste la herejía, un término en desuso y que llamará la atención de algunos, pero servía para llamar a algo que no tiene otra forma si no de llamarse. Y cuyo uso es un deber dentro del derecho que tenemos los cristianos a defender nuestra Fe. Una Fe que no nos hemos inventado nosotros, sino que hemos recibido y que debemos transmitir sin mistificaciones.


Los Obispos alertaron en sus Orientaciones doctrinales sobre estos postulados que, como hemos visto, no sólo contrarían la naturaleza de la oración cristiana, sino al entero Cristianismo.

Lo que sinceramente llama la atención es que un sacerdote claretiano lo publique en una Tribuna Abierta de ABC, tres días después de que la Conferencia Episcopal haga pública sus Orientaciones, y aquí no pasa nada. Ni los Superiores de la Congregación Claretiana, ni los Obispos, ni nadie responde para evitar la total desorientación del pueblo creyente por este tipo de pronunciamientos.


Así son las cosas y por eso estamos como estamos. Lo dice el propio D´Ors: “Buena parte del declive del Cristianismo en Occidente se debe a la pérdida de la autoridad”.